Paterson (2016), de Jim Jarmusch

Una película que cuenta las vivencias cotidianas de un conductor de autobús que escribe poesía provocaría somnolencia en más de un espectador. Las películas de Jim Jarmusch, parsimoniosas y extravagantes al mismo tiempo, causan urticaria entre los espectadores no entrenados. Pero si es Jarmusch el que dirige esa historia el resultado es Paterson, una oda a la cotidianidad.

El director estadounidense da un giro considerable al tono que caracteriza a su filmografía en su última película. Desde su ópera prima, Permanent Vacation, su cine ha oscilado entre la angustia existencial y la tragicomedia. Sin embargo, en Paterson parece haber encontrado el significado de la vida y los protagonistas ya no vagan por las calles de un mundo que no comprenden.

Adam Driver, conocido por su papel de Kylo Ren en la última e innecesaria entrega de Star Wars, interpreta a Paterson. Sí, Paterson es un conductor de autobús en Paterson, New Jersey. Y por Paterson, la ciudad, han pasado poetas tan ilustres como William Carlos Williams, fuente de inspiración de Paterson, el protagonista. Paterson, el protagonista, suele escribir sus poemas en los breves instantes antes de arrancar su ruta o en las líricas cascadas de Paterson.

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Fuente: Filmaffinity.com

La trama, si la hubiese, narra la semana de Paterson y su imaginativa pareja. Desde el lunes hasta el domingo, arrancando cada día con un plano cenital de su cama. Acaba sin final un redondo, porque en el cine de Jarmusch cuando la cámara se apaga -o se funde a negro- la vida de los personajes continúa. Los momentos ordinarios, como beber una cerveza en el mismo bar todas las noches, y los breves episodios que alteran nuestra vida, como la rotura del autobús, son el pretexto para mostrar la vida de una pareja feliz, que se reúne cada noche a cenar, se apoyan y confieren el espacio necesario al uno al otro.

A  la simpleza del día a día se suman los toques humorísticos habituales en Jarmusch. Como que Paterson, el protagonista, encuentre infinidad de gemelos en su día a día. O las conversaciones que puede escuchar desde la posición privilegiada que le otorga su puesto de autobusero. El resultado es que sean las acciones rutinarias las que vertebran el relato y no los giros de guión.

Incluso hay hueco para meter a Method Man, de Wu-Tang Clan, rapeando en una lavandería. Al igual que Paterson, este también busca la inspiración para sus letras en los lugares cotidianos. La relación de Jarmusch con el colectivo de Staten Island no es nueva, otros como RZA o GZA ya habían aparecido en obras del director como Ghost Dog (1999) y Coffe and Cigarrettes (2003). Por no olvidar que Fetty Wap es de Paterson, New Jersey, como recuerda ese dueño del bar que reúne en la pared de su establecimiento a los más ilustres personajes de la ciudad.

El cine y la realidad

Cesare Zavattini, guionista y teórico clave del neorrealismo italiano argumentaba que el cine debía reflejar la cotidianidad ya que Es necesario que el espacio entre vida y espectáculo quede anulado. Un intento eficaz no consiste en inventar una historia que se parezca a la realidad, sino en contar la realidad como si fuera una historia”.

Zavattini, guionista de obras como Ladrón de bicicletas (1948) o Umberto D. (1952) -ambas dirigidas por Vittorio de Sica- afirmaba que el cine tenía que promulgar valores sociales y éticos, y para ello debía “contar lo que esta ocurriendo“. Por lo que ampararse en mundos fantásticos que no aborden los problemas reales no está permitido. Cierto que sus libretos critican los problemas de la Italia de su tiempo y que en el caso de Jarmusch tratan sobre personajes estrafalarios con vidas poco usuales, pero el denominador común es el mismo: captar, y contar, episodios de la vida real con una cámara.

Jim Jarmusch siempre ha sido alérgico a los mastodónticos estudios de cine -en éste caso es Amazon la productora-, siendo su propósito preservar su independencia artística. Lo que ha derivado en que sus películas han podido derribar bastantes de los dogmas preestablecidos, como aspectos relativos a la estructura narrativa, gracias a esa libertad. Películas que se basan en la unión de cortometrajes elaborados a lo largo de varias décadas o en relatos simultáneos en lugares diferentes suponen que el esqueleto de sus films no sea sencillo de asimilar para el público adaptado a relatos más lineales.

Pero Paterson es, junto a la ya mencionada Ghost Dog o Flores rotas, su película más convencional en ese plano. E igual de lírica que de costumbre gracias a una cámara que flota, persigue o superpone imágenes como la del agua precipitándose por las cascadas. Paterson es capaz de hacer entrañable la inapreciable belleza de lo cotidiano. Porque es en lo tangible e insignificante donde está la fuente de inspiración de los poemas de Paterson.

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