Black Mirror: Cállate y Baila.

Kenny (Alex Lawther) es el típico adolescente algo inseguro, pero más allá de eso no deja de ser un adolescente medio de cualquier lugar. Este tiene una vida normal y la compagina con un trabajo de esos que tenemos los jóvenes  para ganar un poco de dinero. Tiene una hermana pequeña que al parecer le gusta cogerle el ordenador portátil y ver películas gratis online, para lo que descarga un extraño programa, lo cual no gusta nada de nada a Kenny.

Kenny, como un adolescente normal, un buen día tiene ganas de darse un poco de placer erótico-festivo. Así que sube a su cuarto, abre su portátil, hace una búsqueda en internet y comienza el proceso. Felizmente llega al momento cumbre, y, tras limpiarse recibe un e-mail en el cual le avisan de que le tienen grabado dándose placer y que si no les envía su número de teléfono enviarán el vídeo a todos sus amigos y conocidos.

Número de teléfono enviado y comienza una espiral de complicaciones un tanto repetitiva y que a veces parece inacabable pero que mantiene una tensión necesaria para hacer que se quiera saber cómo va a terminar todo. Kenny es manejado al antojo de no sabemos muy bien quién, pero lo que sabemos es que no nos gustaría estar en su pellejo. Así, va conociendo a hombres que están en su misma situación con la única diferencia de que estos son hombres maduros que han engañado a sus mujeres o directamente son pedófilos.

En concreto, su compañero de diabluras obligado es un viejo conocido de los seriéfilos que gozan de Juego de Tronos, Jerome Flynn. Ambos tienen que realizar un periplo que incluye un atraco a un banco, todo con el objetivo de seguir con el chantaje que les imponen desde sus teléfonos móviles. El chantaje sigue y Kenny, finalmente llega al final del juego y sale supuestamente vencedor de él, lo que se supone va a impedir que saquen el vídeo de su placer íntimo a la luz pública. Pero Kenny finalmente es acusado de haberse masturbado viendo fotografías de niños pequeños, cosa que hace que se comprenda mejor el capítulo. Kenny no estaba avergonzado por masturbarse, pues como le dice su compañero “es algo que todo el mundo hace” si no por ver que se sepa que le gusta gozar de ese tipo de contenidos.

Este capítulo de Black Mirror es quizá uno de los más terroríficos en el sentido de que lo que nos cuentan en él puede ser completamente posible en la actualidad, pues todos tenemos una cuenta de e-mail, un teléfono móvil y un ordenador con una web cam o algún secreto que esconder.

Ya lo saben. Pongan una pegatina, un trozo de papel de cuadrícula pegado con celo o un chicle sin sabor de tanto mascarlo en sus cámaras del ordenador portátil, y los que tengan una web cam no la tengan enfocándoles todo el rato a la cara, no vaya a ser que hagan algo que no quieren que se vea por todo el mundo y lo estén grabando para hacerles un chantaje. Y en el caso de que se vean sometidos a esa tortura no cedan ni un paso. Van a publicar el vídeo de todas maneras.

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