Black Mirror: Nosedive

La tercera temporada de Black Mirror arranca planteando los mismos debates sobre el abuso y la omnipresencia de la tecnología en universos futuros que no parecen muy lejanos. Nosedive muestra una sociedad que está coligada a una red social. Todos y cada uno de los ciudadanos están registrados en esta aplicación, que se basa en puntuar a los demás en una abanico de cero a cinco estrellas.

Obviamente, los que más puntuación posean serán más exitosos que los que tienen notas más bajas. Y es que los que tiene notas cercanas al cinco obtienen beneficios en diferentes aspectos de la vida cotidiana: rebajas en los alquileres, mejores coches, los asientos más cómodos en los vuelos… Ventajas con las que los que están por debajo del cuatro únicamente pueden soñar. La calificación se logra subiendo imágenes con lo que hace cada uno, pero además las conversaciones o acciones son también evaluadas.

La protagonista (Bryce Dallas Howard) es un 4,2, o lo que es lo mismo: un quiero y no puedo. Su objetivo, ya que la van a echar de su casa, es escalar hasta el 4,5 para poder permitirse una vivienda mejor que la suya. Con la intención de rascar unas décimas contrata los servicios de un profesional para que la enseñe a escalar hasta la zona noble de la red social en apenas unas semanas. Para ello deberá lograr el beneplácito de la gente con mejores notas.

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Intenta entonces granjearse de nuevo la aprobación de una vieja amiga de la adolescencia (Alice Eve), que posee un nada desdeñable 4,8. Decide publicar una foto de un viejo peluche que representa el vínculo entre ambas, logrando su objetivo de recuperar su antigua relación. Tanto es así que acaba invitándola a su boda, a la que acudirá la flor y nata de la red social, para que pronuncie un discurso sobre sus bondades y su antigua amistad.

La protagonista ve aquí la oportunidad de lograr unas cuantas valoraciones positivas de gente cercana al cinco, lo que la aupará a ella del 4,2 a una nueva vida. El día que tiene que coger el vuelo se empieza a torcer su prometedor futuro. Una serie de malas puntuaciones y un incidente en el aeropuerto hacen caer su nota por debajo del tres. Esto significa que los servicios a los que puede acceder son de segunda clase. Al igual que ella, que tras descender su nota tan abruptamente es vista como una apestada.

Tendrá que realizar el viaje que pensaba hacer en avión por carretera y dando gracias a una camionera que está valorada con una paupérrima nota, cercana al uno. Claro está, la señora que la recoge para llevarla a la boda cuenta con un amplio conocimiento de la vida y de lo absurdo que es guiarse por las valoraciones de los demás. Algo que ella dejó de hacer hace mucho tiempo.

Finalmente llega a la boda, tras decirle su amiga que es mejor que no aparezca. Su nota se ha desplomado por debajo del uno, ha caído al barro y roza la psicopatía. Pero logra dar un discurso en el que expone todos sus traumas de adolescencia, como cuando su amiga, que ese mismo día está en el altar, decidió cambiar de amistades. La protagonista es detenida y deja de ser parte de la red social.

Al final del episodio se aprecia el giro que parece haber tomado Black Mirror en su nueva temporada. La joven acaba en la cárcel, pero es un desahogo para ella. Descubre que ahora puede decir lo que quiera. Si se piensa en las dos temporadas previas, los matices finales eran claramente pesimistas, mientras que en Nosedive se aprecia un cambio de tendencia. Parece que Brooker quiere expresar que hay una vida más allá de la tecnología.

A la busca del like

Si se piensa en la posibilidad de que este futuro se vuelva real, seguramente sea uno de los capítulos de Black Mirror más cercanos al presente. La presencia de las redes sociales, en especial entre los estratos más jóvenes de la población, puede acabar derivando en unos años en algo similar a Nosedive. Si continúa la tendencia actual no sería extraño que en el futuro casi la totalidad de la población sea activa en redes sociales.

Unas redes sociales que parecen confirmarse como herramienta para autorealizarse, ya que la hipérbole de Black Mirror hace que no sólo sirvan para compartir el día a día, sino para tener éxito. En la actualidad, si se piensa en las personas con más seguidores, serán las que tienen más fama y reconocimiento -futbolistas, modelos o gente que está siempre de vacaciones- o las que tienen más capacidad para generar la sensación de que su vida es digna de seguir por otros.

Se pasa pues en este capítulo de las redes sociales como escaparate a las redes sociales como parte inherente a la vida. Ya existe la obligatoriedad de tener perfiles en redes profesionales como LinkedIn o Twitter para lograr un puesto de trabajo. Por lo que sólo habría que pasar del ámbito laboral al personal esa tendencia.

Si se piensa en la transformación que han vivido las redes sociales -de las primigenios MySpace a la actualidad- se descubre que han dejado atrás la inocencia de antaño. Hoy las redes sociales son parte indisoluble de la vida de muchas personas, ya sea para comunicarse, entablar lazos con otras personas o compartir las fotos de sus vacaciones en Murcia. Porque un like es la palmadita en la espalda.

La aprobación de los demás pasa del analógico al digital. Esto facilita el visto bueno de otros individuos. Ya no es necesario que estén presentes para que digan que has realizado un buen trabajo o que eres gracioso. Las redes sociales abren veinticuatro horas al día, facilitando el me gusta ajeno y eliminando la inseguridad. Alimentando el maltrecho ego.

La crítica gira entonces sobre la necesidad -autoimpuesta, tal vez- de proyectar vidas apetecibles de los demás. La obligación de no molestar a nadie con nuestros comentarios o gestos. Por lo que al acabar en la cárcel, desactivada su ‘cuenta’, descubre que la señora del camión tenía razón: que les jodan.

 

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3 comentarios en “Black Mirror: Nosedive

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  3. Más que optimismo frente a pesimismo, que también, me parece que lo que Brooker quiere hacer notar con este nuevo episodio es que su serie no va solo sobre el futuro (como muy bien dices, este episodio es de los menos futuristas de la serie). La distopía futurista es el marco de sus historias, pero también tienen un carácter atemporal. Ayer había títulos nobiliarios, hoy hay likes, mañana habrá i-likes 2.0. No es que la tecnología no transforme la sociedad, todo lo contrario, pero por suerte o por desgracia, el ser humano sigue siendo el mismo ¿o no? Me parece que esa es la pregunta de fondo de Black Mirror, y que cada episodio aborda respuestas diferentes. En este caso, hoy y siempre, existe la posibilidad de decir “que les jodan”, “que se pare el mundo, que yo me bajo”, de darle al pausa y a tomar por culo.

    Si te interesa el tema del reconocimiento, Hegel fue el primero en plantear que la autoconciencia es el resultado del reconocimiento de otra conciencia. Y de ahí al “el deseo es el deseo del otro” (Lacan), solo falta un Freud. Lo que vienen a decir estos señores, contra la modernidad ingenua, es que el yo autoconsciente y aislado (el res cogitans cartesiano) es una pura abstracción (una idea no menos mística que la de Dios). Sin el “que dirán”, el “que pensarán”, el “cómo les sentará”… somos nosotros mismos ensimismados, es decir, nada.

    La tragedia de nuestra protagonista es que se desvive por obtener estrellitas de jilipollas anónimos, mientras suda de la única persona con la que tiene un vínculo cercano, su hermano. Y cierro ya con una moraleja cursi, como me pide este sábado matutino, la vieja no le enseña a no escuchar a los demás si no a escuchar, ante todo, su propio corazón.

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