Borrosa.

Tras mis ojos, cerrados, tú. Quizás por tener los dados te entretengas, en ese resquicio de tantas puertas desde donde me sonríes, viéndome mirarte, manteniéndote alejada de las manos que te imploran, que te ruegan que acudas a mi encuentro. Haces de mí un amago, un querer decirte algo que sea picaporte, algo que rompa la distancia que me condena. Pero, por más que me acerco, tu sigues tan lejos como siempre… borrosa el horizonte.

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Qué distinción salvo ninguna entre sufrir ante lo imposible y soñar contigo. Sin embargo, soy incapaz de castigar a mis dedos por querer jugar a unir tus puntitos, lunares, en los claros del tiempo, sin más prisa que la de vivir. Pero sigo recayendo, como el águila a las entrañas de Prometeo. Y es que, ante la presencia de mis basiliscos, entenderás que me obliga al mito hablar de ti. Sobre todo desde que, saliendo de las sombras del inconsciente que te ocultaba, te incorporaste a la realidad cuando me pregunté por ti. Pero debes recordar que fuiste tú quien abrió la caja.

Casi siempre en forma de cascada negra acudes a enturbiar mi ánimo, no apta para el cardiaco y politeísta que soy. Te apartas de las sombras y te personalizas. Sonriente me haces daño sin saberlo, sin siquiera saber que eres tú. A mí tampoco me reconoces porque te soy desconocido. Al lado, flotando en el éter de los antiguos, te miro y es como un tirón en el gemelo de la conciencia de estar vivo y ser una bolsa de Cutre-Pop. Estás presente… pero te dejo escapar y ya es pasado. Así, pincel sin lienzo, el oleo que escupo es mezcla de bilis y desfogue. Ya ves que veo obligado a velar con cortinas mi intención cuando toca hablar de ti.

Luz, deshiciste en su día mi oscuridad. Sin embargo, es ahora, mientras de distancias de apagas, cuando más me ciegas. Me dejaste lejos del barrio, más allá del no saber que decir por el cual normalmente paseo mis penosas piernas. Me guías, me aturdes, de ti está hecho mi rezo y mi espina, y eso que al concepto de Dios lo cambiaría por medio gramo menos de tu pasar de mí. Mi atrium esta vacío: desnúdate y ocúpalo. Si todo esto era un juego, has ganado. Mi mundo ahora es un pasillo que conduce al no venir a cuento de lo anodino de todo lo que piso. Quizás sea del suelo desde donde se eleva este quejido. Quizás la punción que siento la provoque el volar de las astillas.

No sé si te quiero o si es más bien que no sé que es el amor. No sé si existes en algún lugar de este mundo tan cuadrado… no sé siquiera si puedes siquiera hacerlo. Ojalá algún día sepa quién eres… ojalá nos encontremos en jardines y no en este tedio desde el cual te evoco. Pero, mientras tanto, toca coser el velo, volver a ser el Ekans que soy, ese que se sirve de la repetición para salir del paso y olvidarte. Eres el humo al que aspiro, y yo el cigarro, medio muerto ya, que me ufano en seguir anclado a ti.

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