Yo, Daniel Blake (2016), Ken Loach

Si Franz Kafka viviese en la actualidad habría sustituido su castillo por la página web del ministerio de Hacienda. Una burocracia que se extiende densa e infranqueable, sin que nunca se vea la luz al final del túnel, porque todavía falta un formulario por rellenar o es que, simplemente, las cosas son así.

Ken Loach expone en Yo, Daniel Blake, ganadora de la Palma de Oro en 2016, los problemas de un carpintero de 59 años que tiene prohibido trabajar por orden médica, pero que, al mismo tiempo, no cumple los criterios para recibir un subsidio. Necesita demostrar que busca trabajo durante 35 horas semanales para recibir una mísera prestación del Estado. Y aunque parezca una situación esperpéntica y surrealista, la última película de Loach es del realismo que ha acompañado a su obra durante sus cincuenta años de carrera.

yo_daniel_blake-692968741-large

Fuente: Filmaffinity

Sobre Daniel Blake, su historia trae a la mente un término tan en boga como el de perdedores de globalización. Los trabajadores no cualificados que han visto como la robotización y la menor necesidad de mano de obra encauzaban la civilización hacia la era posindustrial . El protagonista es incapaz de controlar un ordenador o de redactar un currículum vitae –por ende, actualizar su LinkedIn para reforzar su networking es tarea imposible-.

Es un hombre de otra época, que escribe a lápiz, al que el funcionariado le da espalda, ya sea por incompetencia o desidia, obligándole a sumergirse en un mundo digital que le es incompresible, otro lenguaje. A su precaria situación se une la de una madre soltera con dos hijos a la que obligan a cambiarse de ciudad para poder vivir en un cuchitril. La relación entre ambos desdichados se desarrollará gracias a la bonhomía de Blake, que ayudará en lo que pueda a esta familia con sus trucos de hombre de la casa.

Loach, en sus más de cincuenta años detrás de las cámaras, ha mantenido siempre el mismo discurso, guerrillero y sensible, apoyando con sus películas las vidas de los estratos maltratados por la lucha de clases. Eso sí, desde los años del Free Cinema británico de los sesenta hasta ahora algo sí ha cambiado: la clase obrera. Desde esos años de continua lucha hasta la actual época posindustrial, la clase obrera ha visto mermada sus posibilidades de victoria –dejándose seducir por los populismos más ruines– tras casi una década de ortodoxia económica. Pero el cineasta británico sigue belicoso a sus 80 años.

En Yo, Daniel Blake se palpa la rabia de los protagonistas ante un sistema burocrático que los trata como simples cifras o números en la seguridad social. Cierto que acaba siendo una película maniquea y lacrimógena, pero siempre es mejor saborear los últimos fotogramas de un director como Loach, alejado de la pompa y de la pretenciosidad, y volcado siempre en un cine que busca movilizar conciencias y no crear más productos enlatados

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s