Habemus Trump

¡Hay fumata blanca en la Casa Blanca! Valga la redundancia. Que conste que ya nos lo avisaron los Simpsons en el capítulo en el que en un viaje al futuro de Bart este ve a su hermana sucediendo a Trump en la presidencia del país “más poderoso del Mundo”. Y resulta que este deja en bancarrota al país por invertir en los niños. Palabra de Milhouse.

Y no les voy a engañar más, lo veía venir. No lo decía muy alto por seguir la moda de ser políticamente correcto y por tener un poco de esperanza en la sociedad estadounidense, pero lo cierto es que no. Nunca creí que el proyecto de Hillary fuese suficiente para vencer a todo un icono de la idiosincrasia norteamericana.

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Donald Trump, nuevo presidente de los EE UU

En este caso no creo que haya que buscar razones sociológicas muy complicadas y extremas. En realidad creo que en la mayoría de los casos no habría que hacerlo. En Europa lo sabemos bien. ¿Por qué ganaba Berlusconi en Italia? Porque una mayoría de italianos soñaba con ser como él y apoyaba las cosas que decía y hacía. ¿A nadie se le ha ocurrido pensar en toda esa parte de la sociedad estadounidense que duerme con un fusil de asalto debajo de la almohada, que hondea la bandera confederada, que se declara abiertamente racista, que cree en la supremacía estadounidense por la ley del más fuerte, que está contento con que el 60% de los impuestos que paga sean destinados al gasto militar, que la única muestra de su libertad con la que está conforme es con el llevar una pistola en el cinturón, que se organiza en patrullas ciudadanas para evitar que mexicanos desesperados se jueguen la vida en cruzar la frontera, esté de acuerdo con lo que dice Trump?

La realidad supera a la ficción. O no. Los corresponsales de televisión viajan a Nueva York (ciudad cosmopolita donde las haya), las encuestas últimamente fallan más que una escopeta de feria (El sorpasso de Podemos, el Brexit, elecciones españolas…), los medios de comunicación nos han bombardeado con las maldades de Trump… Pero lo cierto es que cualquier país es más que su ciudad más grande o cosmopolita. Si fuese así todos los países del mundo serían progresistas. Y de esto no se ve ningún atisbo. Lo que se está comenzando a vislumbrar es de una brecha generacional terrible y de una tendencia hacia la derecha en todo el mundo por miedo a la pérdida de la identidad cultural nacional y de las industrias y puestos de trabajo que se vayan al extranjero por culpa de la globalización.

Los ancianos votan para sí mismos, la juventud tiene su opinión bastante bien formada, pero por desencanto se queda en casa. Pocos jóvenes quisieron el gobierno de Rajoy, que se diese el Brexit o que en Estados Unidos ganase Trump. Como ejemplo de esto tenemos la política española: lo primero que ha hecho Mariano Rajoy al llegar de nuevo a la Moncloa es convocar a los partidos para hablar de las pensiones. Uno de los mayores índices de pobreza infantil de Europa o que los alumnos de segundo de bachillerato no sepan aún cómo podrán acceder a la universidad no importa. Claro que no, no son sus votantes y, al igual, estos no pueden votar a nadie.

Es más, en USA ni siquiera querían a Hillary. Y esta ha sido uno de los principales problemas. Una mujer (esto es de lo poco positivo de ella en sí misma) que ha virado su discurso a lo largo de su extensísima carrera política según soplaran los vientos. Que en 2002 las encuestas pedían estar en contra del matrimonio homosexual, pues estaba. Que la decían que ganaba votos a senadora prometiendo un muro en la frontera mexicana, allá iba Hillary pregonando las virtudes de un muro anti-inmigrantes. Que, atención, tiene que ser la máquina de recaudar fondos más grande y grotesca de la historia de la política mundial, pues allá va ella y recauda ni más ni menos que la friolera de DOS MIL MILLONES de dólares. Y así se ha sucedido la campaña, en una contraposición de las maldades de Trump contra las no maldades de Hillary. Y claro, Trump ha conseguido encantar a muchos votantes y Hillary sacar de casa a mucha gente con una pinza en la nariz. Pero no han sido suficientes.

Bernie Sanders fue una nueva esperanza para la gente desencantada con el sistema de los Estados Unidos, pero la máquina Hillary se lo llevó por delante en las primarias. Trump ha conseguido ser el máximo exponente del establishment norteamericano (ricachón hecho a sí mismo, evasor de impuestos, sufriendo múltiples bancarrotas y saliendo impune de ello gracias a su poder económico y social) y luchar en contra de este. Ni Wall Street ni casi ningún importante empresario le han apoyado. Trump ha abogado por una vuelta a la nación dejando de lado la política exterior de confrontación como la ha venido haciendo Hillary trabajando en la Secretaría de Estado. Si a esto se le suma que es un ser machista, racista, homófobo y ostentador de una chulería exquisita, comprendemos que ha logrado convertirse en el Berlusconi americano. Y además ¡qué bien le queda esa muchacha estonia 30 años más joven que él cuando están juntos!

Además Trump ha prometido una reindustrialización del país. A un tipo que ha vivido toda la vida en su pueblo y su padre y su abuelo y la gran mayoría de la gente que ha conocido ha trabajado en una fábrica que gracias a los sucesivos tratados de libre comercio que se han firmado en USA se han ido a otros países, vaya usted a decirle que ha votado a un misógino racista. Lo más seguro es que le diga que le parece muy bien, pero que quiere un trabajo en su pueblo como su padre y su abuelo. “¡Es la economía, estúpido!” fue el mensaje central de la campaña del 92 en la que Clinton (marido) llegó a la Casa Blanca. Parece que esta vez no han llevado a cabo este mensaje desde el lado demócrata.

En la sociedad se percibe miedo por la elección de Trump. A mí la verdad que no me aterra. No es santo de mi devoción, ni mucho menos, pero si es cierto eso de que la política exterior americana va a dejar de ser tan belicosa y se va a centrar en su país, en construir muros fronterizos y en dar espectáculos desde su torre neoyorquina, mejor. A los demás nos dejan en paz. Ya estallará la sociedad norteamericana cuando se harten de que les maltraten desde la presidencia. Al menos una parte, pues recordemos que muchos ciudadanos estadounidenses le han votado por estar de acuerdo con su mensaje.

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3 Comments

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