Clásicos de la literatura: Esperando a Godot (1952), de Samuel Beckett.

ESTRAGON: Vámonos.

VLADIMIR: No podemos.

ESTRAGON: ¿Por qué?

VLADIMIR: Esperamos a Godot.

Leer Esperando a Godot es básicamente esperar, se quiera o no. Esta espera, tan desesperante como cualquier otra, pues “mientras se espera nada ocurre”, no desemboca en un encuentro feliz. Godot, sea quién sea, no acude a la cita. Y es que ni siquiera aparece en la lista de personajes. En esta obra, la espera es inicio, principio y fin. Vladimir y Estragón, los protagonistas, intentan huir de esta situación tan patética, pero acaban volviendo como obligados por una especie fuerza cósmica constrictora, chocando una y otra vez contra el tedio mientras, en desesperanzada esperanza o autoengaño, se dicen que al final Godot vendrá y les salvará. Pero no.

goot

El autor de esta pieza teatral, una de las más famosas de la historia, es Samuel Beckett, que nació en Dublín en 1906. De su infancia no conservaba recuerdos excesivamente buenos, pues decía carecer de “talento para la felicidad”. Además, a una edad muy temprana ya empezó a mostrar severas discrepancias con la moralidad rigurosamente puritana de su familia. Admirador de la obra de Proust, fue un gran amigo de su compatriota James Joyce, a quién conoció en Francia y para quien trabajó como secretario.

Cuando comenzó la Segunda Guerra Mundial, dejando de la lado la neutralidad irlandesa, Beckett trabajó para la Resistencia como mensajero, por lo que sería años más tarde condecorado y que no por mucho estuvo a punto de costarle la vida. Tampoco la lengua de Shakespeare se salvó de la filia que Beckett sentía por Francia, pues escribió casi toda su obra en francés.

En 1969, esta vez por su trabajo como dramaturgo, poeta y escritor, es galardonado con el premio Nobel de Literatura. Como Bob Dylan recientemente, Beckett rechazó recogerlo, comparándolo con “un salvavidas que se le echa a un náufrago cuando ya ha llegado a la playa”. Acorde con esta idea, usó el dinero para ayudar a jóvenes artistas con sus proyectos. Veinte años más tarde de recibir el premio, moría en París de un enfisema pulmonar.

beket

De la misma manera que ocurre con autores como Cervantes, pese a la extensión y variedad de su actividad, ambos son recordados especialmente por una obra en concreto. Y es que Esperando a Godot, que fue publicada en 1952, ha eclipsado la atención del público. Beckett, al contrario que el autor de El Quijote, vivió el éxito que tuvo allá donde se estrenaba esta pieza, de la que se dice que no hay año que no sea representada. Sin embargo Beckett, que consideraba el libreto como “horriblemente cómico”, pensaba que el éxito de Esperando a Godot se debía a “un eterno malentendido”.

A esta tragicomedia en dos actos se la considera la obra más representativa del llamado anti-teatro o teatro del absurdo, al que pertenecieron ilustres como Eugène Ionesco, Antonin Artaud o el español Fernando Arrabal. Aunque con lo de absurdo muchos han interpretado que sus obras no significan nada, lo cierto es que en ellas es claramente apreciable la influencia del pensamiento existencialista, tan en boga en aquella época, así como una intensa experimentación formal. Y es que este grupo pretendía servirse del humor para mostrar que la propia condición humana es, como dijo Beckett de su obra, “horriblemente cómica”, especialmente en los locos tiempos que corren, a lo que se suma el recuerdo de la guerra y sufrir todavía sus devastadores efectos.

Esperando a Godot utiliza las que serán las principales señas del movimiento, donde destaca especialmente el uso de diálogos repetitivos cargados de dobles sentidos o equívocos poco convencionales y la modificación de las reglas dramáticas aristotélicas. Así, Estragón y Vladimir, hablan por hablar, pierden el hilo constantemente, se interrumpen, dicen cosas sin sentido o malinterpretando a su interlocutor y se instan mutuamente a hablar para que no haya silencio y, sobre todo, para no pensar en su odiosa condición.

Por su parte, como ya hemos dicho, en esta obra la espera constituye el inicio, nudo y desenlace, sin existir una clara evolución en los personajes o en la trama, pues todo queda como al principio. La decoración del escenario suele ser minimalista, estando limitado en esta obra a un camino en el campo con un árbol, al anochecer.

Otra de las características distintivas es la ruptura de la cuarta pared. Y es que, en Esperando a Godot, sus protagonistas parecen saber, o al menos sospechar, que son actores que están representando una pieza teatral. Por ejemplo, Estragón en un momento mira hacia la platea y ve lo que describe como una turba de “semblantes alegres”. Así mismo, aunque de manera más sutil, Vladimir parece salir en un momento de escena aparentemente para ir al baño del propio teatro.

Pese a sus diferencias, los dos actos son tremendamente parecidos. Esto se consigue, principalmente, por los ya dichos diálogos repetitivos. El segundo acto ocurre al día siguiente a la misma hora y en el mismo lugar que el primero. Y es que, como dijo Vivian Mercier, Esperando a Godot es una obra en la que “nada ocurre, dos veces”. Por ejemplo, ambos actos acaban de la misma forma:

VLADIMIR: ¡Qué! ¿Nos vamos?
ESTRAGÓN: Sí, vámonos.
(No se mueven).

Otra característica de esta obra es su humor, que pasa mucha veces del simple absurdo a lo macabro. Por ejemplo, a propuesta de Estragón en un momento de debilidad, evalúan ahorcarse de una de las ramas del árbol, pero, aunque a Vladimir le parece “un buen medio para que se nos ponga tiesa” desconfía de que la rama aguante su peso. Esto se debe seguramente al pesimismo de Beckett, pues es de la opinión de que “El aire está lleno de nuestros gritos. Pero la costumbre ensordece”. Así mismo, se pueden apreciar ciertos chistes visuales claramente influidos por el cine mudo, como el famoso episodio en el que se intercambian los sombreros.

Sus protagonistas, Estragón y Vladimir, son una extraña pareja de amigos, no se deja muy claro si algo más, que tratan con su humor ingenioso y moderno dejar de aburrirse mortalmente, lo que no consiguen. Al primero siempre le molestan los zapatos, mientras que el segundo “se quita el sombrero, mira dentro, pasa la mano por el interior, lo sacude y se lo encasqueta de nuevo”. Ambos parecen querer separarse, pero siempre se alegran de volver a encontrarse.

Aunque no se sabe cuanto, ni mucho menos por qué, llevan mucho esperando a Godot quien, pese a no aparecer, manda todos los días a un muchacho para decirles que vendrá mañana. El problema es que el muchacho siempre niega ser el mismo que ayer. Y es que los dos protagonistas tienen una memoria muy mala, lo que afecta especialmente al pasado reciente. Por ejemplo, Estragon dice que le pegan todas las mañanas, aunque nunca se acuerda si son los de siempre. Por supuesto, cabe la duda de que esté fingiendo.

Del mismo modo, Estragón, que recuerda a duras penas el día anterior e incluso el sitio dónde estuvieron, que no es otro que donde están hoy, salta cuando Vladimir le increpa sobre su mala memoria: “¡He arrastrado mi perra vida por el fango y quieres que distinga sus matices! ¡Así que déjame en paz con tus paisajes! ¡Háblame del subsuelo!”

Además del muchacho y estos dos, los otros dos personajes son Lucky y Pozzo. Lucky siempre va cargado de los más diversos bártulos que le ordena llevar su amo Pozzo, quien le conduce látigo en mano mediante una cuerda atada al cuello del primero. Se ha querido ver en estos personajes la típica dicotomía entre siervo y señor. En el segundo acto es cuanto menos gracioso que Lucky se haya vuelto mudo y el Pozzo ciego.

pozzo

Según Pozzo, Lucky no deja el equipaje en el suelo para impresionarle y conseguir que no le abandone, pues ya es un anciano y sirve para poco. Él, como es caritativo, en vez de abandonarle va a venderle a ver si puede sacar algo de dinero. Por su parte, Lucky, siempre a orden de su amo, sabe pensar en voz alta. Empieza con un “además, respecto a” un monólogo liberal en cuanto a ortografía y gramática que abarca desde el “dios personal cuacuacuacuacuacua de barba blanca cuacua” al “el tenis sobre hierba sobre mesa y sobre cemento la aviación el tenis el hockey sobre tierra sobre mar”.

Respecto a Godot, ese personaje sobre el que gira el todo la obra y que no se digna a aparecer, se han elaborado las más diversas interpretaciones:

La vida como continua espera de la muerte (Godot), mientras que lo que buscamos en vida es simplemente distraernos y dejar de pensar en ella. Acorde con esto, en un momento dado Pozzo les dice: “un día nacimos, otro día moriremos, el mismo día, el mismo instante, ¿no les basta? Dan a luz a caballo sobre una tumba, el día brilla por un instante, y, después, de nuevo la noche.”

Godot entendido como Dios, ese ser que, con su llegada, nos librará del absurdo de ser hombres y de la muerte, nuestro mayor temor. Sin embargo, aunque he de decir que a primera vista esta parece la respuesta adecuada, el propio Beckett fue el encargado de dilapidarla, pues dijo que “Si por Godot hubiera querido decir Dios, habría dicho Dios y no Godot”.

-Godot también podría ser ese estadio al que la sociedad o el ser humano todavía no han sido capaces de llegar. Pese a que todos queremos mejorar, salvarnos, casi todos no hacemos otra cosa que esperar a que esa gracia nos sea dada, lo que no siempre ocurre.

Pese a que existen muchas más interpretaciones, y las hay aún más audaces, estas son las más conocidas. De lo que no cabe duda es que, sea quién sea Godot, Beckett piensa que no llegará nunca, que estamos condenados a una espera tan absurda como fatal, donde la única certeza a la que nos podemos agarrar es que seguimos esperando. Mientras tanto, para mantener a nuestros cerebros lejos de la angustia existencial de pensar en ese futuro, desde aquí tan negro, no nos queda otra que entretenernos, para lo que recurrimos al absurdo.

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