Éxodo, por Pedro Sánchez.

En salones y despachos puede uno sufrir condiciones más adversas que en la más agreste montaña o en el desierto más inhóspito. Es peligroso andar solo por los pasillos; útil rodearse de secretarios. Hay poder, ego y territorialidad, siempre sedientos. También hay mucho que hacer de cara a los espectadores, y con responsabilidad. Y, sobretodo, auto-justificar la ruta escogida con los votos, el objetivo.

Fue cuanto menos extraño que el PSOE escogiese en su día como jefe de la expedición a un desconocido Moisés, a quién todo el mundo tomaba por pelele pese a su atractivo porte. Y es que, si bien no ha conseguido ser presiente y no parece que lo llegué a ser jamás, parece que hoy Pedro Sánchez no ha cedido al ultimátum, lo que ha provocado, más que su cayado, que se haya dividido el Mar Rojo.pedro_sanchez_y_guillermo_fernandez_vara_21

Esta mañana Felipe González salió al ruedo acusando a Sánchez de mentiroso, de romper los juramentos sagrados de la sociedad secreta que es todo partido político. En juego, la supervivencia del puño y de la rosa, de España y de su gobernabilidad. Básicamente, el ex-presidente socialista le insta a levantarse del sofá del No. Para limpiar los errores del pasado, tan solo le pide que se abstenga, que se lave las manos como Poncio Pilato.

Pero la marioneta, a través de sus más fervorosos valedores, Hernando y Luena, se resiste a dejarse mover por los hilos que un día le entronizaron. No se sabe como aguanta: si por convicción o por querer el trono; si por ideología o por tener una cuenta pendiente con Rajoy. Los medios empiezan a echar humo ante las posibilidades, dedicándole sus mejores espacios. Y el pobre de Puigdemont con la mala suerte de celebrar su cumpleaños el mismo día que el chico más popular del colegio.

Es por la tarde cuando definitivamente estalla la bomba. Y más que la explosión, que parecía necesaria por ser la situación insostenible y cansina, lo que sorprende es el resquicio legal usado como detonador: una dimisión en masa dispuesta a la abstención. El objetivo, actualizado. Total, los votos parece que los van a perder de todos modos.

No se sabe si Sánchez conseguirá mantenerse al mando hasta el 23 octubre, día en el que pretende que sean los afiliados quienes decidan que va a pasar. Es probable que, en algún vaivén que dé la nave, acabe soltando el timón. Mientras que de Rajoy no se espera ningún movimiento brusco, Susana Díaz parece dispuesta de una vez por todas a ocupar su sitio. Es cuanto menos curioso que fuese ella su principal valedora en los primeros momentos, más curioso aún que Sánchez se haya rebelado.

En mi opinión, todo esto no es sino una jugarreta que al destino le ha dado por hacerle al PSOE. Querían un presidente manejable, y ni una ni la otra les ha sido concedido. Y si bien no quiso que un Pablo Iglesias terminase lo que había empezado otro, es probable que este golpe sea mortal. El devenir del partido, como el de la transición española, se habría decantado finalmente por el harakiri. O quien sabe si, como Moises, Sánchez seguirá al mando y conducirá a su pueblo al Sinaí, donde estará cuarenta años sin conseguir representación parlamentaria.

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