Doble rasero Popular

El Partido Popular es, sin género de dudas, la organización política más eficiente, preparada y potente de nuestro país. Lo es a pesar de y en parte gracias al liderazgo pasota de Mariano Rajoy, el cual se caracteriza por haber hecho carrera política a base de esperar que los problemas pasen y, en caso de que no lo hagan, no hacerse responsable de ellos.

La fortaleza del PP es apreciable en que a pesar de todos los escándalos que le han salpicado en los últimos años de destapes masivos de casos de corrupción, este ha sabido mantenerse electoralmente. Bien es cierto que el destape comenzó al comienzo de la primera legislatura de gobierno de Rajoy, y de allí a este tiempo se ha amortiguado gran parte del golpe electoral que iba a sufrir a causa de esto, pero aun así es sorprendente y a la vez heroico mantenerse con la estrategia más impensable, más caradura y más digna de un auténtico genio político: tratar de hacer que a la organización no le afecta en absoluto, culpar de todo a los miembros del partido que han sido pillados con las manos en la masa (siempre y cuando esto llegue a los tribunales), e ir limpiando de estos personajes el partido manteniendo una estrategia ambigua en cuanto a lo que se hace con ellos desde dentro del partido y en cuanto a las responsabilidades que se exige a los corruptos más enfangados.

Esta estrategia se aprecia muy bien en la mayoría de casos sonados de corrupción que afectan al partido o a alguno de sus miembros. En el PP se aprecian tres posturas en cuanto a lo que un imputado corrupto debe de hacer: en primer lugar tenemos a Mariano. Este se limita a hacer de Mariano y a dejar que las cosas pasen sin más, procurando pronunciarse lo menos posible en cuanto a lo que el corrupto de turno debe de hacer o a lo que opina de él, y en caso de que deba pronunciarse por algún motivo alejado de su voluntad, se pronuncia en la línea del segundo grupo que vamos a tratar.

Este segundo grupo podríamos encuadrar a la vieja guardia del partido, compuesta por los que forman el gobierno en funciones y aquellos líderes territoriales que ostentan el poder allá donde gobiernan hace un tiempo más o menos largo. En este grupo entran personalidades tales como Dolores de Cospedal, Soraya Sáenz de Santamaría, Alberto Núñez Feijóo o Alfonso Alonso. Estos, cuando salta una noticia de un corrupto de su partido se limitan a decir que hay que respetar la presunción de inocencia, que lo dejan todo en manos de los tribunales, que han obrado bien dejando el partido pero no su escaño o cargo político (casos de Rita Barberá y nueve de los diez concejales del PP del Ayto. de Valencia), cuando no optan por minimizar el daño que este ha causado. Ahora bien, este grupo en principio más laxo se torna mucho más duro cuando la instrucción judicial avanza en la dirección que no interesa al partido: culpar al corrupto. Entonces toman la postura del tercer grupo: declaraciones duras y alejarse de esa persona (esto apreciable en los casos de Bárcenas y Rato, y posiblemente lo veamos en el de Rita Barberá).

Y ahora tenemos el tercer grupo. Este está formado por el que se presume el futuro del partido a medio-largo plazo. Personalidades jóvenes, activas, regeneradoras, modernas, más cercanas a la gente con apariencia de mayor limpieza política por aparentar estar más alejados de los corruptos que han formado parte de su partido. En este grupo entra gente como Cifuentes, Borja Sémper, Pablo Casado, Andrea Levi o Javier Maroto. Estos hacen declaraciones en favor de la expulsión de los imputados por corrupción del partido, exclaman en defensa de la limpieza en las instituciones democráticas, piden que dejen sus cargos políticos con la mayor brevedad posible e incluso llegan a hacer descalificaciones que se acercan bastante al insulto.

Las dos posturas que toma el partido y que no son Rajoy, son hechas para proteger al líder del partido y, casi más importante que este, lo hacen para proteger a la organización. El grupo de la vieja guardia pisa el freno para evitar que los acusados tiren de la manta y saquen la información que tienen, la cual tumbaría a Rajoy y al propio partido, mientras que los jóvenes los acusan de ladrones y dan imagen de regeneración política, pues alguien tiene que convencer a los votantes de que desde el PP sí que se lucha contra la corrupción.

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3 comentarios en “Doble rasero Popular

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