Black Mirror: Blanca Navidad.

La última entrega de la serie sobre la cual les hemos brindado esta semana temática, es un especial de Navidad. El guión corre a cargo de Charlie Brooker, quién codirigió este capitulo junto a Carl Tibbetts, en quién ya había confiado para realizar el episodio Oso Blanco.

La trama se desarrolla en su mayor parte en una casa en la que el exterior está continuamente nevado y en la que hay dos hombres. Uno es un hombre fuerte, locuaz y extrovertido y al parecer sabe cocinar bastante bien. El otro es callado, vergonzoso y da la impresión de que está sufriendo mucho por el hecho de ser él. El primero está tremendamente bien representado por Jon Hamm (Mad Men) y el segundo lo interpreta con nota Rafe Spall (La Vida de Pi). Estos dos hombres nos irán mostrando, mientras charlan de sus cosas y recuerdan su pasado, los avances tecnológicos que les han llevado a situaciones, estrambóticas a más no poder, que les han hecho llegar hasta donde están.

En este capítulo la raza humana tiene instalado unos dispositivos en los ojos que les permiten fotografiar, grabar vídeos, realizar llamadas y bloquear a personas. Sí, bloquear personas. Que me enfado con mi novio, le bloqueo y le veo como una mancha grisácea sin alma que se mueve y murmura en lugar de gritar. Que se me pasa el enfado: le desbloqueo. Así de fácil.

La humanidad, no contenta con deshumanizar las relaciones humanas, también ha creado un dispositivo que se implanta en la mente de una persona. Este dispositivo aprende y termina siendo igual que la mente de la persona a la que se lo han implantado, llegando este nuevo ente a no ser consciente de que no es una persona real, creyendo que es una persona a la que la han despojado de su cuerpo. El experimento tiene cierta relación con el que nos muestran en la película “La Isla”, pero en este caso no se utiliza como en esta, si no que se usa para encerrarla en una especie de “huevo almacena mentes” desde el cual la mente recién creada se ha de encargar de realizar una gran parte de las tareas cotidianas que ha de hacer una persona corriente, procurando que todo sea de su extremo agrado. Cosas como levantar las persianas o hacer unas tostadas. Cosas que tanto nos cuesta hacer cada mañana.

El capítulo que cierra la serie, al menos de momento pues parece que se va a hacer una tercera temporada a no mucho tardar, nos lleva al eterno dilema ético sobre el progreso tecnológico y el modo de emplearlo. Nos quiere decir que el progreso de la tecnología utilizado únicamente en fines personales e individuales puede ser peligroso, pues no contamos con las personas que nos rodean a la hora de hacer lo que nos venga en gana con esta. Que me apetece bloquear a alguien, lo hago. Pero, ¿qué es de ese alguien? Nos muestran un caso en el que castigan a un hombre bloqueando a todo el mundo. ¿Acaso esta persona podrá sobrevivir cuerda sin relacionarse con nadie? También plantea el dilema ético acerca de la clonación de mentes humanas o la simple creación de estas. ¿Una mente creada/clonada es simplemente inteligencia artificial o puede ser como una persona con sus sentimientos y emociones?

En definitiva, este capitulo está muy en la onda de toda la serie, aunque da mucha importancia a la conversación y los saltos en el tiempo que provocan al rememorar los dialogantes. El final, inesperado cuanto menos, no deja a nadie indiferente. Vamos, como Black Mirror en si.

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