Black Mirror: Ahora mismo vuelvo.

Llueve. Refugiado en un coche, Ash está tan ocupado mirando su móvil que no abre la puertas del mismo a su novia, que se está empapando afuera. Es un yonqui de las redes sociales, a las cuales sube constantemente fotos, vídeos y comentarios compartiendo sus últimas vivencias, importantes o no, y sus pensamientos, normalmente irónicos o jocosos. Por su parte, y aunque le saque de quicio que no la responda cuando está embobado mirando a una pantalla, Martha, su novia, es una joven ilustradora que le quiere con fervor, aunque su novio sea un poco panoli. Pero un inesperado accidente de tráfico apartará para siempre a Ash del lado de Martha. O no.

Cuando la muerte parece haberle arrancado ya de sus brazos con su abrazo negro, llega a los oídos de una desolada Martha una noticia que le parece mitad tétrica mitad esperanzadora: una empresa ha desarrollado un programa experimental que, mediante la información disponible en las redes sociales, reconstruye un perfil del difunto, prometiendo un servicio de lo más macabro: enviar mensajes a su viuda como si fuese el mismo Ash quién los estuviese escribiendo.

Aunque al principio siente repulsión hacia la mera idea, cuando descubre que está embarazada, el mundo se le echa encima y acaba demandando estos servicios por el dolor, la añoranza y la falta de fuerzas que siente. Como si del WhatsApp se tratase, algo responde a Martha firmando como Ash. Y pese a que ella no parece creer que quién escribe los mensajes en realidad él, Martha siente que, sea lo que sea eso, escribe y piensa igual que él. Aunque continúa recelosa, la tecnología parece haberle devuelto, o al menos en apariencia, a su novio.

Ahora que Ash tiene voz, Martha se pasa el día hablando con él contándole cómo va su embarazo, tratando de entender si es o no él mientras que se aísla del resto de sus contactos, familia incluida. Pero todo el asunto es demasiado oscuro. Hasta el propio Ash dice no tener boca, hecho sobre el que afirma sentir miedo. En un momento, el móvil de Martha se rompe y pierden la conexión durante un par de horas, durante las cuales ellas vuelve a sentirse inundada de miedo. Pero el proceso es imparable: Ash no puede volver a morir, está en la nube. Y en el mercado acaba de salir un invento más experimental aún: un cuerpo sintético.

Martha conecta el nuevo cuerpo en lo que constituye una escena de lo más turbia cargada de profundidad sentimental. Lo ha activado en la bañera, como si de una gran sopa de sobre se tratase. Pero los problemas no tardan en aparecer. Por pequeños detalles, Martha se da cuenta de que el androide no es Ash, o al menos no completamente, ya que tiene recuerdos alterados o incluso vacíos, como no acordarse de su hermana o de que significa “tirar para adelante”. Además, no parece sentir nada al tocarle una teta, y si bien su rendimiento sexual ha mejorado, lo hace todo con un aire frío, casi como obligado, sin pasión, sin rastro de amor.

Finalmente, se nos muestra a la hija de la pareja ya hecha una señorita. En su cumpleaños, puede subir un trozo de carta al hombre que vive encerrado en la buhardilla de casa. Y es que Martha, inestable emocionalmente hablando, no se ve capaz de desconectarle aunque descubre que no es realmente él. El miedo a sentirse sola, a que Ash desaparezca completamente de su vida, acaba prevaleciendo.

Respecto al funcionamiento del nuevo Ash, pocas dudas nos son resueltas. No sabemos si es capaz de pensar con autonomía, aunque me inclino a pensar que no, ya que todos sus actos parecer ir motivados previamente por una orden o deseo de Martha. Tampoco sabemos si siente, aunque aquí también me inclino por una respuesta negativa, ya que parece no sentir ningún placer al hacer el amor, así como tampoco parece sufrir absolutamente nada cuando se hace daño. Quizás lo más interesante sea la opinión que el nuevo Ash tiene sobre su actual estado, pues, aunque sabe que murió de un accidente, habla como si su existencia siguiese, como si nada hubiera pasado. Ejemplo de ello, cuando Martha le dijo que estaba embarazada él le respondió: “Wow. Así que voy a ser padre…”.

Este episodio, el cuarto de la serie y el primero de la segunda temporada, fue dirigido por Owen Harris. Mediante la ausencia de grandes acontecimientos externos, se consigue que el espectador se centre en los sentimientos contradictorios de Martha y en los intentos de Ash por parecer humano. La primera, interpretada por Hayley Atwell, se debate entre la irrealidad y el rechazo que siente hacia a su nuevo novio y la seguridad que le da tenerle a su lado. Domhnall Gleeson (El renacido; Ex Machina) es el actor encargado de dar vida al muerto, logrando una actuación tan destacable que, a la larga, puede hacer que la gente se olvidé de que fue Bill Weasley.

En definitiva, Ahora mismo vuelvo es el drama de una mujer que acaba de perder a su novio, un novio al que la tecnología solo ha conseguido traer de vuelta de manera imperfecta. El espectador, mientras ve como Martha trata de buscar la decisión correcta en su dolor, también ve como se cuestionan los límites entre la vida y la muerte, entre lo humano y los circuitos electrónicos y las operaciones binarias que pueden remplazarle con el devenir de los tiempos.

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