13-J: Tostón a cuatro.

Tras tener que esperar, otra vez, a que llegase la novia (Pedro Sánchez), comenzó un debate que, más allá del bombo generado y la bonita decoración, de innovador no ha tenido nada. Y no, no habrá sido por los esfuerzos de los tertulianos en nombrar a la trinidad I+D+i o palabras como regeneración, no. Más propaganda y codazos que otra cosa, el debate a cuatro ha sido un auténtico tostón.

Con la cena ya servida desde hace unos cuantos meses, no ha tenido lugar un verdadero contraste de proyectos, sino más bien la típica defensa ciega de las propias ideas y la crítica apocalíptica de las del resto. Sin embargo, sí que ha sido significativo algún que otro movimiento de cara a los pactos y, sobre todo, el énfasis y dirección de los ataques. El resto, datos recalentados y promesas descongeladas.

Como era de esperar, el mayor grueso de la ofensiva tenía por objetivo derribar a Rajoy, quién no ha salido muy mal parado manteniéndose en su habitual discurso. Por su parte, y como es ley desde que llegaron al pacto de Gobierno abortado, Sánchez y Rivera no se han atacado mutuamente. La principal diferencia entre ambos en este punto ha estado en el mayor ataque de Rivera a Iglesias, acusándole principalmente de idealismo y de inconcreción. Ejemplo de ello y, seguramente buscando pescar entre los indecisos, ha resaltado más las amistades moradas en Grecia que en Venezuela.

El tiempo pactado para la economía y el paro, el primer gran bloque del debate, ha seguido la dinámica usual de toda la campaña: el intercambio sesgado de datos “objetivos”. Y es que, mientras el Presidente en funciones tiraba de la creación de empleo y los índices de deuda, el resto de aspirantes al trono le recordaban la temporalidad y precariedad del empleo, así como la disminución de la población activa.

En el apartado reservado para la política social, Rajoy ha seguido en la línea de defender su gestión y la creación de empleo como la mejor manera de mantener este “gran sistema” que tenemos. Mientras Iglesias y Sánchez se enrollaban en el Edén de la social-democracia, Rivera miraba la escena con recelo, quejándose de que ese romántico idilio conllevaría una subida de impuestos. Curiosamente, y pese a la doble interpelación de Ana Blanco a los tertulianos instándoles a que hablasen del tema, la violencia de género ha ocupado únicamente un efímero comentario por parte de los presidenciables.

Sin duda alguna, el clímax de la noche llegó cuando tocó hablar de corrupción, donde las puertas giratorias, la evasión fiscal y los grandes casos hicieron resaltar personalismos y portadas de periódicos. Después de que Sánchez publicitara el portal de transparencia del PSOE al más puro estilo youtuber, destacó la critica inusualmente dura que Rivera hizo de Rajoy, al que ha negó la “autoridad moral” necesaria para gobernar el país mientras mostraba su nombre en los papeles de Bárcenas publicados por El País. Por su parte, Rajoy no paró hasta que hacer reconocer a Naranjito haber pagado en negro en su juventud, mostrando una conversación de este con Jordi Évole.

La corrupción también ha provocado el único enfrentamiento directo entre Iglesias y Sánchez, y eso que el amor, mantenido en clave de pacto por Iglesias las dos horas, flotaba en el aire cuando el candidato del PSOE nombró al 15-M. Pero al ser nombrados los ERE de Andalucía y las puertas giratorias por una parte y Monedero y Errejón por otra, se rompió la armonía. A su vez, se produjo un “linchamiento” a Rajoy por parte del resto al hablar de la independencia de la justicia de las altas esferas, donde al gallego no le quedó otro remedio que callar. Asimismo, Rivera acusó a Podemos de estar financiado por Venezuela, lo que su líder volvió a negar rotundamente.

La política exterior se dividió en refugiados (“hemos hecho” vs “hay que hacer más”) y terrorismo, donde, más que el aspecto militar o geopolítico, se centró en la coordinación de las fuerzas de seguridad europeas e internacionales. Dicho esto, los partidos, en mayor o menor grado, mostraron claramente su actitud respecto a los pactos, mostrándose todos de acuerdo en que repetir las elecciones es imposible.

Iglesias, quitándole la codiciada bandera del progresismo a Sánchez, le tendía la mano mientras decía que le daba igual que se la estrechase por encima que por debajo. La novia, por su parte, defendía la importancia histórica del PSOE (el partido de la mujer y el “tajo”) en busca de vasallos, así como repetía que el derecho a la autodeterminación era la razón de que Rajoy siguiese durmiendo en la Moncloa. El presidente en funciones volvió a demostrar su confianza en ser el más votado y en la gran coalición, mientras que el líder de Ciudadanos, mostraba sus preferencias por el método contrario, es decir, su deseo de formar un gobierno que aleje a independentistas y radicales.

Y es que, si bien antes del debate ya sabíamos a grandes rasgos lo que iban a decir, los cuatro grandes  líderes políticos de este país decidieron, por si acaso, repetir su mensaje estrella: Rajoy y la creación de dos millones de empleos para 2020; Sánchez y el inmovilismo de Iglesias y la importancia de su partido; Iglesias y el “yo no soy el enemigo, es Rajoy”; Rivera y el cambio sensato-moderado capaz de mejorar la situación actual, que pacte por España y acabe con las fábricas de independentistas.

El debate concluyó con un minuto publicitario, dónde cuatro caras sonrieron y hablaron con los ojos fijos en la cámara. Fenómeno en internet, el debate más cubierto de la historia de España no será, sin embargo, el primero en el que alguno de los participantes diga no ser el ganador. Rápidamente, los partidos fueron a las computadoras a ver como se había movido ese 30% de indecisos que da sentido a esta campaña. La Sexta anunció que el 12% de estos se ha decantado por Podemos, mientras que el 6% se habría ido al PP y unos porcentajes ya menores a los dos restantes.

Y es que Sánchez puede que haya conseguido que algunos de los suyos vuelvan a votar, pero los indecisos seguramente hayan volado a otras formaciones, mientras que Ciudadanos quizás ha podido rascar un poco a su favor de este porcentaje. Sin embargo, es el PP quien sale en cierta medida reforzado a base de defender su gestión pasada y criticar todo el paripé de las nuevas elecciones. Iglesias, ganador del debate según las redes, como siempre, parece que le ha ido bastante bien con su discurso moderado y su actitud condescendiente con Sánchez y Rivera.

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