Ejercicios de estilo (1947), por Raymond Queneau.

Tras escuchar un concierto de Bach, el polifacético Raymond Queneau (1903-1976) se propuso trasladar la música del compositor alemán a la literatura, entendida aquella como “la construcción de una obra por medio de variaciones que proliferan hasta el infinito en torno a un tema bastante nimio”. De esta idea nacen, tras sucesivas ampliaciones y modificaciones, sus llamados Exercices de style (1947), una recopilación de noventa y nueve maneras de contar una misma historia, bastante trivial en sí misma.

Pero, antes de hablar de esta obra, hagamos un breve repaso de la vida de este autor francés. Queneau, como su gran amigo Boris Vian, fue un polímata que consiguió dejar su impronta en muchas materias, ya que, además de sus predilectas matemáticas y filosofía, fue también compositor musical, guionista, periodista, pintor, etc… Como novelista, cabe destacar su obra Zazie dans le métro (1959), una novela de aprendizaje delirante de rasgos surrealistas. Por otra parte, Queneau llegó a la ilustre posición de “Sátrapa Transcendente” del Colegio de la Patafísica, aquella escuela dedicada al “estudio de soluciones imaginarias y las leyes que regulan las excepciones”.

Para comentar el libro que hoy nos concierne, tiene especial relevancia que Queneau fuese el cofundador del grupo OuLiPo, creado en Francia en 1960. Este “Taller de literatura potencial”, que ha contado con miembros tan ilustres como Italo Calvino, Marcel Duchamp o Georges Perec, es quizás el intento más significativo de aunar las matemáticas y la literatura.

Este grupo parte de la idea de que la literatura surge de la inspiración, pero da mucha más importancia a las propias restricciones (como pueden ser el vocabulario y la gramática o las normas de los versos, estrofas, etc…) con las que esta se encuentra al tratar plasmarse. A partir de aquí, tratarán fundamentalmente dos cosas: recuperar a aquellos autores que ya han hecho cosas parecidas, a los que acusarán de plagio “por anticipación” y, principalmente, a ampliar el catálogo de estructuras posibles desde las cuales se puede crear. Para ello, recurren a todo estilos de juego que, normalmente, reducen la libertad del escritor al ponerle más restricciones, aunque es importante destacar que estas “restricciones” constituyen más bien procedimientos de creación que normas propiamente dichas.

Ejemplo de este estilo de “juegos de estructura limitada”, podemos citar a Georges Perec y a sus dos novelas más conocidas: La disparition (1969) y Les revenents (1972). La primera es un lipograma (una construcción, también usada por Queneau en alguno de sus ejercicios, en la que se omite una letra sistemáticamente) dónde no aparece ninguna “e”, algo bastante meritorio considerando que es la vocal más repetida en el francés. En la segunda novela ,por otra parte, es esta la única vocal que aparece.

Sin embargo, quizás el mayor logro en cuanto a colosal y extravagante de la OuLiPo sea el conseguido por el propio Queneau en su Cent Mille Milliards de Poèmes (1961). Esta obra, formada por diez sonetos, permite al lector, al separar y combinar los versos integrantes de manera diferente, llegar a poder leer hasta cien billones de poemas distintos. Desgraciadamente, para leer este poemario en todas sus posibilidades se necesitan, según el propio Queneau, casi doscientos millones de años.

Y es que, volviendo ya a la obra que nos atañe, en sus Exercices de style Queneau va a utilizar, además de todo su ingenio y destreza, un gran repertorio de herramientas o trucos que tienen claramente origen en el grupo parisino OuLiPo para plasmar de noventa y nueve maneras distintas (podrían haber sido ser cien, mil o un millón cuatrocientos veintisiete, ya que las posibilidades son infinitas) la misma secuencia de hechos.

Como ya hemos dicho anteriormente, la trama que se cuenta es bastante insustancial: Un mediodía, alguien (a quién usará normalmente Queneau como narrador) sube a un autobús abarrotado, donde ve a un joven que le llama la atención porque tiene un cuello gracioso (en cuanto demasiado largo) y porque lleva un cordón en vez de una cinta alrededor del sombrero. De repente, este tipo empieza a increpar a su vecino quejándose de que cada vez que baja o sube alguien le pisa los pies, adrede. Antes de que el otro pueda siquiera contestar, el joven cuellilargo va a sentarse a un asiento que acaba de quedar libre. Por último, el narrador se lo vuelve a encontrar un par de horas más tarde en una plaza, donde ve como un amigo suyo le está comentando que debería coserse un botón más en su abrigo justo a la altura de la clavícula.

El párrafo anterior, muy parecido al primer ejercicio de estilo del libro, puede considerarse como un resumen de los hechos que se narran, aunque es importante destacar que Queneau no utilizó ningún texto base para realizar sus variaciones. Pese a lo que pueda aparecer a simple vista (más escrito mediocremente y en un blog de poca monta), el libro, ni mucho menos, se hace repetitivo ya que, en un ambiente parecido, cualquier variación, aunque sea minúscula, adquiere mayor visibilidad y relevancia.

A partir de este primer ejercicio, Queneau va modificando, ligera o drásticamente, la forma de contar la historia. Para ello, utiliza un sinfín de trucos. Por cuestiones de espacio, voy a referir aquí tan solo un breve resumen de algunos de estos, agrupados en tres grandes grupos:

-En primer lugar, habría que hablar de aquellos en los que se utilizan cambios en los tiempos verbales, en los registros comunicativos o en el punto de vista desde el cual se narra para provocar que el texto cambie. Ejemplo de esto, no es lo mismo contar una historia de principio a fin que viceversa, como tampoco será la misma si el incidente ha sido visto y narrado por un médico amanerado que por un charcutero burdo.

-El segundo grueso de ejercicios estaría formado por los referidos a la supresión, inversión, adicción o variación de morfemas, fonemas o sintagmas. Aquí estarían incluidos aquellos en los que se utilizan recursos como pueden ser los ya nombrados lipogramas, las aféresis, los apócopes, etc…

-El tercer grupo estaría formado por aquellos ejercicios en los cuales se aprecia más fácilmente la influencia de la OuLiPo. Por ejemplo, mediante reglas matemáticas como el S+7, en un ejercicio se cambia cada sustantivo por el séptimo que aparezca después de él en el diccionario. En otro, Queneau parte de la llamada literatura definicional, donde se sustituye en un texto las palabras claves por su definición, para modificar el texto. A su vez, el Logo-rallye es una técnica que obliga al escritor a introducir en un texto una serie de palabras escogidas de manera aleatoria.

Pero estos recursos utilizados no son los únicos posibles. Y es que el propio Queneau propuso, además de los ya míticos noventa y nueve ejercicios, otra gran cantidad de ellos: contarlo como si se fuese borracho, como si fuese una declaración de amor o la publicidad de algún sitio, desde el punto de vista biológico o económico, como si fuese una fábula…

Y es que, como bien dice Antonio Fernández Ferrer (quién versionó y realizó el estudio introductorio para la edición de Cátedra) los Exercices de style se encuentran entre la práctica y la teoría literaria. La OuLiPo, especialmente Queneau, buscó en cierta medida desmitificar la creación literaria en cuanto a darle más énfasis a la escritura como trabajo constante e, incluso, como juego.Acorde con esto, en ocasiones parece que en estos ejercicios lo único que hace su autor es practicar su escritura o incluso mostrar a los lectores, convertidos en “alumnos” para el caso, un método o un desafío de estilo, es decir, el juego de completarlos o de realizar los suyos propios.

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