El Buñuel galdosiano

“Es la única influencia que yo reconocería, la de Galdós, así, en general, sobre mí”, confesó Buñuel a Max Aub en las entrevistas realizadas para Conversaciones con Buñuel. Sorprende que uno de los máximos exponentes del surrealismo afirme que su influencia sea el escritor canario, estandarte de la novela realista decimonónica. Pero con un simple vistazo a la filmografía de Buñuel se descubre que varias de sus películas son adaptaciones de novelas de Galdós.

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Las temáticas que obsesionaron a Galdós se ven reflejadas en la obra del aragonés, siendo el anticlericalismo o la impresión de que la caridad es un ejercicio baldío ideas recurrentes para ambos. Si Galdós mostró la miseria de Madrid en sus novelas, Buñuel se empapó de ese realismo y lo conjugó con sus raíces surrealistas para dar así cuerpo al universo visual de sus obras. Temas que abarcan desde la pobreza de las zonas marginales, la crítica a la burguesía decadente, al clero más ávido o la represión sexual acabaron siendo obesesiones para Luis Buñuel.

Los primeros intentos de versionar la obra de Galdós se podrían situar en los años 30, tras regresar de París, cuando trabajaba como supervisor de doblajes de la Warner Brothers en Madrid. En esta época no pudo llevar a cabo estas adaptaciones que tanto deseaba, principalmente por el inicio de la Guerra Civil que le obligó a trabajar para los republicanos desde el exilio. Pero la idea estuvo siempre presente, desde que conoció a Galdós postrado y casi ciego al lado del brasero en los últimos años de vida del novelista.

Etapa mexicana y vuelta a España

Es tras el comienzo de su etapa mexicana cuando realiza la primera adaptación de una novela de Galdós: Nazarín (1959). Esta, junto a Tristana (1970), son las adaptaciones cinematográficas de novelas galdosianas por parte de Buñuel. Se suele afirmar que Viridiana (1961) es una versión de Halma pero el propio Buñuel asevera en su autobiografía Mi último suspiro que es un guion propio, a pesar de las similitudes argumentales. No quiere decir que no existan parecidos -como en Los Olvidados o la ya mencionada Viridiana-, pero sólo estas dos son adaptaciones directas de sus novelas.

Sobre ellas, Nazarín cuenta la historia de un sacerdote, el padre Nazario, que intenta seguir un camino recto en un mundo perverso, cumpliendo los preceptos de pobreza y misericordia de su orden de forma ortodoxa y tratando de ayudar a las prostitutas o cualquier otro desamparado. Pero un mundo desalmado es el que le da la espalda a él, incluso la propia Iglesia, haciéndole claudicar. Andréi Tarkovski la reconoció como su tercera película favorita, compartiendo ranking con obras de Ingmar Bergman o Robert Bresson.

Aunque se observan cambios respecto a la novela, como la localización -México en vez de España-, el director aragonés corroboraba que “conservé lo esencial de Nazarín, tal como está desarrollado en la novela de Galdós, pero adaptando a nuestra época ideas formuladas cien años antes”. Para Buñuel, era su favorita de la etapa mexicana e incluso afirmaba que en Cannes decidieron crear el Gran Premio Internacional para dárselo a su película. También le gustó a Juan XXIII, al que se le apareció el Espíritu Santo y decidió premiarla a pesar de su anticlericalismo latente.

En plena etapa francesa, Buñuel regresó a España para rodar Tristana, adaptación de la novela homónica de Galdós. Sólo que con un cambio de escenario, decidió que Madrid no sería el lugar donde se iba a desarrollar, sino que le rendiría un homenaje a Toledo, ciudad por la que tenía especial predilección. En Tristana, al igual que en Nazarín, Buñuel introdujo cambios y la llevó a una época en la que había vivido. Reconoce que existen alteraciones en la estructura y el clima de la obra, pero que se mantuvo fiel al modelo novelesco de Galdós, aunque el final sea diametralmente opuesto al de la novela.

La historia de Tristana es la de una joven que se ve obligada a vivir con un don Juan alérgico al trabajo. Esta relación es el último deseo de sus fallecidos padres que la obligan a desperdiciar su vida con un hombre de más edad. “Esa pierna, Luis. Esa pierna”, le decía Hitchcock a Buñuel, fascinado por el miembro que se ve obligada a perder Tristana.

Este Buñuel galdosiano es el encuentro entre el mejor novelista español -después de Cervantes-, y, sin duda alguna, el padre del cine español. Unas adaptaciones que, respetando las ideas pero cambiando las formas, mostraban la visión del mundo de un Luis Buñuel que buscó durante toda su carrera honrar a Galdós y que su pluma fuese reconocida en todo el mundo.

Afirmaba incluso que escritores como Steinbeck, Dos Passos o Hemingway no serían nada “sin los cañones americanos”. Se preguntaba en sus memorias “¿quién les leería si hubiesen nacido en Paraguay o en Turquía? Es el poderío de un país lo que decide sobre los grandes escritores. Galdós novelista es con frecuencia comparable a Dostoievski. Pero, ¿quién le conoce fuera de España?”.

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