#MolinosQuijote

Del buen suceso que el valeroso don Quijote tuvo en la espantable y jamás imaginada aventura de los falsos molinos de viento, con otros sucesos dignos de felice recordación

El traductor de la siguiente historia consideró como apócrifa la aventura que Cide Hamete Benengeli cuenta a continuación. Esto es debido a los sorprendentes hechos que se narran en ella, tan alejados de lo común que debe ser invención o enajenación del responsable del manuscrito original. Acababan de iniciar su jornada don Quijote y Sancho Panza cuando vieron en la lejanía como se erigían unos torreones blancos cuyo origen desconocían por completo.

-Mi señor – dijo Sancho-, ¿qué son esos torreones con hélices que se ven en el horizonte?

-A mi parecer tienen hélices que giran como si fueran de molinos -respondió don Quijote-, pero son demasiado esbeltos y altos para ser tales.

-Molinos no pueden ser; si lo fuesen serían molinos que han pasado hambre, porque se han quedado bien flacos. Si eso le puede pasar a un molino, que no puede pasarme a mí, que días enteros paso sin desayunar ni un cacho de pan.

Decidieron acercarse el caballero andante y su escudero para averiguar que secretos escondían los flacos molinos. A cierta distancia se encontraban, tanto que parecía que no llegarían nunca, pero cuando por fin estuvieron bajo uno de los tantos que se veían en el horizonte diéronse cuenta de la altura de los mismos.

-Discúlpeme, señor, pero esto de molino no tiene nada, que son más altos que cualquier gigante; además, ¿dónde se ha visto que un molino abandonado gire sin que sople el viento?

-Razón tienes, Sancho, y es que esto tiene que ser fruto de unos de los encantadores que me persiguen e intentan que no cumpla con mis deberes de caballero andante. Un entuerto estará ocurriendo y esta distracción idearon mis enemigos para evitar que lo enderece.

-En mi villana opinión, esas hélices tienen la misma utilidad que la cola de un rucio: la de espantar moscas.

En estas pláticas se hallaban, intentando averiguar que eran los flacos y altos torreones con hélices, cuando apareció un hombre a pie, que al ver a ambos de tan rara indumentaria se quedó fascinado y fue decidido a entablar conversación con ellos. Sorprendido se hallaba de lo que veía, siendo su indumentaria también alejada de lo común, que más parecía llevada para llamar la atención que por placer. Portaba unas alforjas a la espalda, ropajes con infinitos bolsillos laterales, calzaba chanclas con calcetines, gafas del tamaño de las hogazas de una tahona y el largo pelo se extendía sucio por todos sus hombros.

-Buenos días, os he visto desde allí y no sabía si estábais haciendo alguna imitación del Quijote. ¿Es esto una performance a favor de las energías renovables?

-¿Imitar a don Quijote de la Mancha? Imitar no podría porque yo soy el auténtico Caballero de los Leones, otrora conocido como el Caballero de la Triste Figura; vuestros comentarios malintencionados podrían conllevaros algún disgusto si no enmienda sus palabras con celeridad.

-Muy buena, tronco –decía mientras se reía el excursionista-, me voy a hacer un selfi para pasarlo por el grupo de WhatsApp de la asociación de veganos anticlericales.

Sacó entonces de su macuto un instrumento de metal al que colocó una pieza rectangular en la punta y empezó a estirarlo de tal manera que don Quijote pensó que se trataba de alguna especie de espada esgrima, por su finura y longitud, y cuando se le acercó con ella en mano desenvainó su espada y arreo tal mandoble a la posible Tizona que acabó partida en dos, dejando únicamente el mango en la mano del excursionista.

-Malandrín, follón, bellaco, gaznápiro-clamó don Quijote lleno de cólera-. Te arrepentirás de intentar atacarme a traición.

-¿Qué haces, hijo de puta?- gritó el excursionista-. Mi iPhone 6s Plus a tomar por culo, me lo has reventado contra el suelo.

-Así aprenderás que no hay forma de sorprender a don Quijote de la Mancha. Por muchos encantadores que me aproximen a estos blancos torreones donde pensaban darme muerte a través de tu miserable labor. Mucho más se necesita para acabar conmigo.

Y para sentenciar la disputa don Quijote agarró su lanza lleno de rabia y se la estampó en la cabeza con tal furia que le dejó tirado en el suelo con una mano delante y otra detrás.

-Vámonos, señor- dijo Sancho-, que aquí parece que no somos bien recibidos. Esto de tratar con encantadores que nos acercan a falsos molinos es como lavar la cabeza a un cochino.

Montados en sus jumentos partieron dejando al excursionista paciendo los hinojos en el suelo y dando fin así a la historia de los falsos molinos, que más parece apócrifa debido a la aparición de instrumentos tan ajenos a la caballería andante que es mejor ni pensar en ello.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s