House of Cards: ¿Qué nos has hecho, Netflix?

Al acabar de visualizar la cuarta temporada de la serie política más en boga en la actualidad, House of Cards, me quedé solo. Los Underwood no me acompañarán más, al menos hasta que estrenen la siguiente temporada. Y es que los Underwood son mucho Underwood, como diría nuestro presidente en funciones.

La serie versa sobre un matrimonio que dedica su vida a triunfar en su profesión, la política. Frank y Claire Underwood (Kevin Spacey y Robin Wright) son profesionales. Siempre han estado en el meollo político estadounidense, empezando desde muy abajo en el partido demócrata hasta llegar a lo más alto, él de cabeza de cartel para sus nominaciones y elecciones y ella como la mujer perfecta de un político. Y no diré más por si alguno de ustedes no ha visto aún la serie (sin duda un pecado, denle al menos una oportunidad) o va remoloneando con los primeros capítulos.

Y es que las andanzas de estos dos no son cualquier cosa. En la serie se habla de todo menos de política. Mejor dicho, solo se habla de política. A ver como lo explico… La serie trata de política, pero a su vez no tratan temas políticos a fondo. Sabemos que hacen actuaciones políticas porque la serie transcurre en el mundillo, pero realmente no vemos como se tratan de solucionar problemas de maneras beneficiosas para la ciudadanía, sino que vemos cómo los políticos se dan palos y más palos para mantenerse en el poder y progresar valiéndose de su actividad política. Da igual que sus actuaciones asolen las futuras generaciones y las sumerjan en la pobreza, si da rendimientos políticos voy a convencer a los ciudadanos de que es algo bueno y para adelante. Intrigas, traiciones, infidelidades, asesinatos encubiertos… en la serie hay de todo menos lo que nos promete la serie: política.

Unos me dirán que sí, que la serie es política pura y dura. Yo les digo que en nuestro país, al menos, no. ¿O es que acaso en nuestro país ustedes imaginan ver políticos dimitir por mentir en una declaración? ¿O por tener un affaire? ¿O por haberse ido de putas? ¡Si aquí tenemos un partido entero imputado por financiación ilegal y es el más votado! Esto sería una cosa jugosísima para los Underwood, acabarían con la vida política de sus rivales sin ningún atisbo de piedad. Quizá la serie se tendría que haber rodado en la España contemporánea. La ristra de chorizos que se han ido descubriendo, la cantidad de grotescos casos de corrupción, financiaciones ilegales, negocios sucios y el largo etcétera que todos tenemos en el imaginario, darían para hacer una serie, no sabemos si de la calidad de House of Cards, pero desde luego sí de la extensión de Los Simpson.

La serie ha dejado momentos a la altura de lo que la compañía Netflix quiere darnos con ella: dejar House of Cards como una de las mejores series sobre política que se han creado. En esta, los protagonistas son los malos, pero según va transcurriendo te das cuenta de que apenas hay buenos, y los que son buenos, al final no lo son tanto como aparentaban. Y es más, los que son buenos de verdad, nos acaban pareciendo los malos. ¿Qué nos has hecho, Netflix? Sería necesario uno de los geniales apartes de Frank para explicárnoslo…

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