Instituciones o la calle.

Brais Fernández || @braisgz

Los sucesos políticos que han ocurrido estas últimas semanas en París se han producido con un aire de 15-M a la francesa, incluso se dice que se asemeja al mayo del 68. El movimiento nace como rechazo a las medidas laborales del gobierno socialdemócrata de Hollande, de forma que se convoca la huelga general en todo el Estado francés y se conforma el precedente para su eclosión. En repulsa a esas y otras políticas, se ocupó  la famosa plaza parisina de la República bajo el nombre Nuit Debout. Este artículo no se basará en cómo la indignación popular emerge como respuesta a la noche neoliberal que padecemos, sino en una posición de cómo ese movimiento podrá germinar en un partido político o el intento de que el mismo sea maniobrado por un partido.

El 15-M supuso el estallido social que parecía la respuesta popular ante una crisis económica impuesta por las élites económicas y políticas que estaban acechando a la vida de las personas debido a los recortes, el rescate de los bancos, la precariedad, el paro, los desahucios y un sinfín más de realidades que el sistema nos proporciona. Todas estas premisas se asemejan a las que ataca Nuit Debout. Pero, para ver la comparación, el 15-M, tras su autoorganización en colectivos y la suma de éstos en el proyecto indignado, se transformó en algo nuevo. Una parte de sus integrantes entendió como apropiada la estrategia política por la vía institucional, es decir, el paso de movimiento a partido y la agregación o más bien apropiación del discurso. En el Estado español nace Podemos, el cual se autoasigna como la voz indignada del movimiento, asegurando que la llegada a las instituciones es lo más efectivo.

Aunque debemos decir que IU como competidor electoral también intentó y se sometió al lenguaje del movimiento, previamente ya había intentado invadirlo en aquellas famosas elecciones municipales de 2011 y en las sucesivas convocatorias electorales, pero el juego lo tenía perdido por su acceso al poder en algún gobierno autonómico y local.

La dinámica de Podemos se convierte en la duplicidad: la calle y las instituciones. Así lo podemos observar en la mayoría de las declaraciones y posiciones de sus creadores como Juan Carlos Monedero o el sector de la antigua Izquierda Anticapitalista. Sin embargo, también es visible en la actualidad que el movimiento popular ha desaparecido del mapa, dado a la hegemonía del discurso de Podemos. Las calles están vacías desde que Podemos ha entrado a las instituciones (tanto que en la convocatoria en apoyo al Nuit Debout en Madrid sólo había unas 100 personas) y, por lo tanto, la respuesta al sistema. La última gran movilización se remonta a las Marchas de la Dignidad, las cuales suceden con la creación de Podemos.

La cuestión clave es: las instituciones son vías por las cuales se puede construir una democracia o, por el contrario, la calle y el debate con diálogo pueden conformar el poder popular para construir democracia. La posición de los partidos es posible también dentro de la calle, donde el debate es enriquecedor, eso sí, con posiciones de igualdad y sin que ningún grupo hegemonice, dado que el consenso es la herramienta básica. Veremos lo que ocurre en las plazas en esta, esperemos, larga primavera donde Europa tiene la necesidad de volver a reflorecer.

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