Julieta (2016), Pedro Almodóvar

Tener tu propio adjetivo es sinónimo de poseer una visión artística propia e identificable. Lo orwelliano para la última propuesta legislativa que no es de nuestro agrado; dickensiano para los grandes dramas, como esos telefilms de sobremesa; es dantesco algo espantoso, como esos telefilms de sobremesa. Cada uno de estos autores se ganó el derecho a tener su propio término, debido a la creación de un universo propio. O porque sus nombres son bastante adjetivables. ¿Y qué es almodovariano?

Pedro Almodóvar ha mantenido tanto una estética como una fijación por una serie de ideas a lo largo de su filmografía, ya sean las relaciones materno filiales dañinas o las rupturas amorosas truculentas, pasando por el remordimiento o la culpa tras la pérdida de un ser querido. Todo ello adornado de una estética excéntrica y colorista. Desde los créditos iniciales hasta el interior de un taxi, sus películas son identificables en cualquier fotograma.

Julieta, la última película del director manchego, mantiene los preceptos de su obra, en cuanto a la estética y la temática, pero de una forma diluida en ocasiones. Tanto que parece una obra apócrifa del mejor alumno de su cine.

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Fuente: Filmaffinity.com

Cuenta la historia de una madre, Julieta, atormentada por su pasado. El reencuentro con una vieja amiga de su hija reabre sus antiguas heridas y a partir de ese momento rememorará desde el momento en el que conoció al padre de su hija hasta la actualidad. Aquí es donde entra la combinación de Adriana Ugarte y Emma Suárez del mismo personaje, que interpretan a Julieta a lo largo de su vida y en el transcurso de sus traumas.

¿Es almodovariana Julieta?  Es un drama constante que trata sobre la pérdida, la culpa y el remordimiento. Con elementos artísticos coloristas que identifican de sobra al autor. Las relaciones sexuales apasionadas, las protagonistas femeninas o la trama, que gira en torno a una relación de una mdre con su hija, así lo demuestran. Pero faltan elementos tan almodovarianos como los nombrados.

Sorprende la decisión de eliminar cualquier vestigio de humor de Julieta. No sólo aligeran los intensos melodramas y es constante en su filmografía, además aporta brillantez a los diálogos. Salvo la intervención de Rossy de Palma, el resto de los diálogos intentan evitar cualquier atisbo de humor y acaban sonando huecos. Varias conversaciones están  plagadas de frases que una vez pronunciadas en voz alta hacen que se pierda seriedad, más que imprimirla.

Por tanto, Julieta trata sobre la culpabilidad tras la pérdida de los seres queridos, como en Todo sobre mi madre o Volver. Personajes femeninos que sufren, se hunden y se responsabilizan de su miseria. Almodóvar ha optado por una película que evita características propias de su obra, pero mantiene la mayoría de ellas a nivel temático y estético. Un giro hacia el melodrama más clásico, reduciendo el elenco y olvidando así la posibilidad de incorporar personajes secundarios o situaciones que aligeren el dolor constante de estas mujeres que languidecen cansinamente por las calles de Madrid.

 

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