Diez recomendaciones para el Día del Libro

El 23 de abril se celebra el Día del Libro y en estos tiempos que corren, en los que todo tiene su propio día, hemos decidido recomendar unos cuantos por si estás indeciso o te entra tanto pánico en una librería que decides salir corriendo derribando las estanterías por no saber que escoger.

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Desde poesía hasta el ensayo sin olvidar la novela, algunas de las mejores obras de la historia y otras no tan conocidas en nuestras recomendaciones:

La familia de Pascual Duarte, de Camilo José Cela

El debut como novelista de Cela no podía ser de otra forma que con la mejor obra de la posguerra española. El trágico relato de Pascual Duarte que para definirse dice:  “yo, señor, no soy malo aunque no me faltarían motivos para serlo”.

La novela española más traducida a otras lenguas, después del Quijote, narra la vida de un campesino extremeño en un mundo violento que le da la espalda. Un estilo crudo y directo que muestra al ser humano en su complejidad.

El ruido y la furia, de William Faulkner

Una historia del deep south americano y un monólogo interior guiado por los hermanos Compson: Benjy, Quentin, Jason y Caddy. Su infancia y el deterioro de una familia en una obra que rompe con los preceptos clásicos.

Esta obra debe su título a los versos de Macbeth en los que el efímero rey escocés decía que la vida es un cuento contado por un idiota lleno de ruido y de furia, que no significa nada. Aquí hay verdadera devoción por Faulkner.

La Poesía Completa de Leopoldo María Panero

Lo más fácil es encontrar los dos volúmenes que recogen su obra completa, uno de 1970 al 2000 y el otro tomo sus poemas tras el año 2000. El poeta maldito español miembro de la familia española de poetas malditos. Al menos así aparecen reflejados los Panero en El desencanto (1976), de Jaime Chávarri.

Perteneciente al grupo de Los Novísimos , fue un poeta prolífico y ecléctico, capaz de combinar referencias provenientes de los mass media y a los poetas clásicos.

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Alicia en el país de las maravillas y Alicia a través del espejo, de Lewis Carrol

Si quieres saber de que va este este cuento, cuyas dos partes fueron fundidas en la mítica película de Disney, solo tienes que hacer una cosa: seguir al conejo blanco. Pero el camino no será fácil ya que, entre otras aventuras, tendrás que beber pociones para hacerte más pequeño, tratar de hacerte oír entre un sombrerero y una liebre debatiendo, e intentar imaginarte a un gato sonriendo y a una sonrisa sin gato. Una vez que hayas parado de reirte tú, empezarás a sospechar de que lo que tienes entre las manos se haya escrito en 1863.

Contado inicialmente para entretener un paseo en barca a unas niñas, este cuento propasa su intención inicial con creces. Hasta descubre la antimateria antes que la ciencia. Y es que, jugando con la lógica, Carroll se instaura como un surrealista antes del surrealismo, estando su obra plagada de neologismos y absurdos, obligando a Alicia a correr para quedarse en el mismo sitio y a nosotros a preguntarnos si no será todo una alegoría o el resultado de una mente muy extravagante. Incluso, por las características de las imágenes que crea y por ciertas alusiones cuanto menos “sospechosas”, se ha convertido en un pilar de la cultura psicodélica. En definitiva, que es un cuento “solo” para niños.

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Sexus, de Henry Miller.

Henry Miller pasó toda su vida buscándose a si mismo. En el trayecto, ni mucho menos que por enajenarse o aburrirse, no paró de fumar, beber y, sobre todo, follar. Su estilo es muy parecido al de Bukowski, y aunque no es menos autodestructivo, se diferencia de él por una visión mucho más alegre y mística de la realidad.

Esta novela en concreto, “autobiográfica” como casi toda su obra, es una oda al amor de su vida, June. Por ella se divorció por primera vez. Ella fue la segunda mujer que se divorció de él. Miller deja retratado el Nueva York más variopinto de los años veinte, ya que parece ser que era un imán para la gente extraña. Pero, quizás, su mayor logro sea la psicología de June, absolutamente real en cuanto indescifrable.

Aullido, de Allen Ginsberg.

“Vi las mejores mentes de mi generación destruidas por la locura”. Así comienza Aullido, el poema de Allen Ginsberg. Es dolor, furia, rebeldía, odio. Dedicado a su novio, Carl Solomon, que murió en un centro psiquiátrico atrapado tanto por rejas como por su locura, es la plasmación de una confesión, de un grito reivindicativo, de un sollozo.

Este poema es, junto con El almuerzo desnudo de William Burroughs y La carretera de Jack Kerrouac,  la triada esencial de la llamada Generación Beat, esos jóvenes americanos “que pobres y harapientos y ojerosos y drogados pasaron la noche fumando en la oscuridad sobrenatural de apartamentos de agua fría, flotando sobre las cimas de las ciudades contemplando jazz”.

Aquí se puede oír Aullido siendo recitado por su propio autor.

La Conjura de los necios, de John Kennedy Toole.

Maravilloso libro allá donde los haya. Pero, inexplicablemente, costó tanto que lo publicaran que, por desesperación, el autor decidió quitarse la vida. Tras su suicidio, su madre releyó su obra y no descansó hasta que logró que la publicasen. Le valió un premio Pulitzer a título póstumo.

La novela narra las peripecias de Ignatius J. Reilly, uno de los mejores personajes literarios que ha descubierto uno en su trayectoria como lector. Es un ser que ansía el volver a la mentalidad de la edad medieval, sucio, vago y desorganizado; con mil manías que desquiciarían al ser más paciente de la Tierra y que gustaba de escribir su pensamiento medieval en los “cuadernos Gran Jefe”. Es un personaje tan inverosímil que, durante la lectura, no puedes imaginar que este no sea real.

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La Peste, de Albert Camus.

La Peste narra la desdicha de la ciudad argelina de Orán, por entonces protectorado francés, durante un brote de la ya extinta peste bubónica. El doctor Rieux se nos muestra como el héroe por excelencia a la imagen de Camus, tratando de luchar en contra de la enfermedad en su categoría de médico, pero a su vez desencantado con el mundo en el que vive. La encarnación de un “santo ateo”.

La obra invita a la reflexión personal sobre la existencia, el sentido de la vida, nuestra actitud como personas individuales y como personas que formamos parte de la sociedad, pero, ante todo, Camus nos invita a reflexionar sobre un tema aparentemente olvidado por los filósofos, el amor.

El Miedo a la Libertad, de Erich Fromm.

Erich Fromm era un psicoanalista y psicólogo social, y en esta obra nos explica su teoría sobre la actitud del hombre ante la libertad. Nos da una definición de la libertad bastante amplia, clasificándola en “libertad positiva” y “libertad negativa”. A partir de su definición de  libertad, Fromm nos expone que el surgimiento de los fascismos y de las dictaduras se debe a que los hombres, por miedo a sentirse libres y tener que ser responsables de sí mismos y de tomar decisiones, se pliegan ante un líder que les tutele y les guíe.

Desgraciadamente, el libro de Fromm no está hecho para quedarse simplemente en el auge del nazismo, pues hoy día recuerda bastante al seguimiento incondicional que están recibiendo determinados líderes políticos escorados hacia la ultraderecha.

Por qué Fracasan los Países, de Daron Acemoglu y James A. Robinson.

Ensayo económico que versa sobre el fracaso de unas economías y el auge de otras, tratando de dar razones empíricas más allá de suposiciones abstractas y erróneas relacionadas con el comportamiento o la cultura humanas. Nos explican de manera muy sencilla (el libro es accesible a cualquiera que tenga cierto interés en la materia sin importar sus conocimientos de economía), racional y novedosa por qué unos países fracasan estrepitosamente en el ámbito económico y otros son tan avanzados, y la respuesta es que las culpables son las instituciones políticas que haya en cada país. Fácil, sencillo y acertado.

Quizá el único problema es que se quedan un tanto cortos en la crítica que se debería de hacer hacia el colonialismo, principal causante del atraso político, cultural e institucional de gran parte del mundo, pero aun así, un gran ensayo repleto de curiosidades y datos que hacen al lector no cansarse de él.

Y no te olvides de Cervantes y Shakespeare

Que para eso este año se celebra el cuarto centenario de su muerte, tan ‘sincronizada’ como si de una estrategia comercial se tratase. Este día es el homenaje a su legado y  no habrá problema a la hora de encontrar en cualquier librería sus más célebres obras: Hamlet, Los trabajos de Persiles y Sigismunda, Macbeth o, por supuesto, Don Quijote de la Mancha.

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5 Comments

  1. Pingback: Hombres fuertes |

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