¿Qué es lo bonito?

contorsionista

Si lo que pretendemos aquí, obviando que nuestro objetivo no es lograr algo, es dar una respuesta a esta pregunta mediante una definición, cometer algún error en el proceso sería inevitable. Las cuestiones complejas, fragmentarias e interconectadas, no pueden ser condensadas en una frase salvo de manera exigua o, cuanto menos, parcial. Siempre bajo el auspicio de lo subjetivo, definir algo implica crear a su vez sus reglas y límites, lo que necesariamente se hace enmarcado en las propias normas culturales y valores morales del autor, por no hablar de su inseparable idiosincrasia.

La única salida del que por este camino trate de entender algo de esta índole, la belleza en este caso, no podrá ser otra que la de limitarse a enumerar lo que se considera como bello o, como mucho, describir lo bonito como “aquello que percibimos como tal”. Pero todavía queda otra opción: definir lo bello bellamente, sin encorsetarlo, sin obligarlo a nada. Y eso es exactamente lo que hizo Jorge Luis Borges cuando dijo que “la belleza es ese misterio hermoso que no descifran ni la psicología ni la retórica”.

Pese a que alguien puede entender la belleza como algo objetivo, intrínseco al ser en el que observamos esta cualidad, qué sería de ella si no se viese alterada por el factor humano. Y es que es él quien la percibe y valora, quien la comunica, transforma y crea. Sin el humano, es una máquina apagada sin botón de encender. Sin nadie que contemple, lo bello se ve envuelto en brumas, sumido en un problema como el que Lisa Simpson plantea cierta vez a Bart: “¿Cómo suena un árbol cayéndose en un bosque en el que nadie le escucha?”.

Y es que, o al menos hasta que la evidencia nos demuestre lo contrario, la percepción de la belleza es algo exclusivo del hombre ya que, citando a Hermann Hesse, “ La belleza no hace feliz al que la posee, sino a quien puede amarla y adorarla“.

Hay eminencias en literatura, en patos, en sellos, en sellos de patos, en sellos de patos en la literatura. También en belleza. Pero, hasta la obra de arte más universal y sublime en la que deposites tu mirada, depende de la moda. Puede que el David de Miguel Angel, las Pirámides, las flores, el amanecer o el ocaso sean considerados como basura por otras generaciones, como algo repelente a los ojos. Tu autor favorito, como un repipi. Tu música predilecta, similar a una banshee.

zdavid

No obstante, hay personas con mayor sensibilidad a lo bello o, quizás, simplemente más atentos. Son innumerables los que han dejado plasmado a lo largo de la historia su percepción de la belleza. Muchos siguen buscando el ideal, ya sea innovando o revolviendo los cánones en busca de una religión estética. Pero no hay alguien superior, ya que no hay ni homogeneidad en el gusto ni barra de medir con que medirlos, ni a ellos ni a lo que plasman. Y es aquí cuando salta a la cancha la opinión personal.

Para algunos, canallas sin duda, lo bonito es mi feo, y viceversa. Hay quien te dirá “mira que bella es esa maceta. Fíjate, ¡que arcilla!”, o “¡qué bonito es ese atún!”. Ya sean estatuas, pinturas o eunucos, palabras, sonidos o gestos, el choque está servido. Todos tienen gusto sobre todo, aunque sea la indiferencia o el rincón de desconocerlo. Hay amor hacia modas, hay quienes se matan en peleas de tendencia.

Pero tampoco es absolutamente cierto que tengamos una opinión formada al respecto, pues considero que tan solo ejecutamos órdenes. Algo, solo sé que de origen intracorporal, o al menos eso parece, decide por nosotros, nos libra del régimen tirano de tener que pensarlo, de seleccionar que nos gusta y que no. Eso sí, sus poderes no son tan extendidos como para no poder transgredirlos, y el desarrollo del arte por el humano ha posibilitado la inclusión de reglas, racionales o no, para su valoración.

La razón tan solo sirve en algunos casos para catalogar a ciencia cierta algo como bello. . Para que esto sea así, es condición sine qua non que existan unas reglas, y que estas se respeten por los dialogantes. Por ejemplo, si perteneciésemos al letrismo, ese movimiento poético de vanguardia creado por Isidore Isou, pensaríamos que la belleza de un poema radica únicamente en el valor sonoro de las palabras, siendo el significado insignificante a estos efectos.

Sin embargo, otros movimientos, igual de válidos en cuanto subjetivos, definirán la forma como mero envoltorio, radicando la belleza en su contenido. Por ejemplo, se puede entender como bello que alguien consiga plasmar en una obra de arte a una sociedad determinada. Pero, para rizar el rizo, algunos rechazarán que sea bello llevar esto al extremo, es decir, el llamado realismo sucio, que en mi opinión debería ser desprendido de tal calificativo. Para llamarlo suciedad hay que ser uno mismo gorrino o vivir muy lejos de ellos.

elgrito

Entre individuos, ninguna opinión estética puede ser declarada como superior, y mucho menos se puede denostar a otras de inferiores. La democracia del arte se me antoja como algo obligatorio porque, además de que lo bello es polifacético, son muchos los puntos desde donde se le mira. Es en el cable que une ambos donde la belleza florece. Si no se acepta esto, ante opiniones encontradas se testifica sobre lo mismo pero en juicios diferentes, lo que tan solo dará una veracidad relativa al veredicto: la de uno mismo.

Pero esto, más que un error, se me antoja como un matiz, como otras “gafas conceptuales” más. Tampoco considero que su condición de ser necesariamente imperfecta sea algo negativo, pues de esto mismo deriva la variedad de su fruto. Si algo fuese perfecto, todos estaríamos de acuerdo, y no existirían los debates de, por ejemplo, Francisco Marhuenda y Xavier Sardá. En el desagüe, otro arte yacería imposibilitado.

La belleza, poniéndonos un poco sensibleros, tiene un único fallo, y es que se marchita. Y si esta, o el material en el que se halla plasmada, parece perdurar, el que termina bajando la mirada somos nosotros. Esta urgencia es la que posibilita el arte. En torno a tentáculos de la belleza, se han formado redes, ideas, atrapasueños: se comunica, lo que da origen a gremios, algunos ya ancestrales; se trata de atrapar con pinzas mentales, se plasme en lienzo, papel, gemido o no se llegue nunca a materializar; pero también tortura y lleva de cabeza al psiquiátrico. O a la muerte.

La mayor víctima que jamás se ha cobrado la belleza, por y para la cual vivió y murió, ni siquiera existe, es una ficción literaria: Dorian Gray (aquí tenemos una visión fotográfica de su asunto). La suya es la historia de una existencia basada en una sola idea, amante y verdugo, inalcanzable y fugaz. Nosotros, privilegiados en la atalaya del lector, vemos a la vez lo bonito de su rostro en el cuadro y lo bello de las palabras que desembocaban en el puñal que lo hace añicos. También hay que decir que su autor, Oscar Wilde, tampoco andaba muy desencaminado a este respecto.

wilde

En definitiva, la idea de belleza se crea desde las percepciones subjetivas, es decir, es una reconstrucción de la realidad en la que la persona, como individuo y medida de todas las cosas (ya lo dijo Protágoras hace más de 2000 añol), es el factor que más condiciona, más incluso que el propio objeto o poseedor de la belleza. El dialogo y la experimentación teórica y práctica en torno a la idea de lo bello puede ayudar a establecer categorías, patrones, normas y métodos para valorar, pero no debe olvidar sus limitaciones. El objetivo debe ser, en mi humilde opinión, jugar con la belleza y disfrutar con ella, no recluirla o sesgarla mediante dogmáticas declaraciones o afanes simplificadores.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s