La Guerra de las Salamandras, de Karel Câpek

Las casualidades de la vida es lo que tienen. Resulta que a causa de tener una multa en la biblioteca por haber devuelto tarde un libro, terminó llegando a mí este tomo polvoriento de la ya extinta editorial Bruguera de la estantería más alta de mi casa. “La Guerra de las Salamandras”, el título no suena mal del todo. Lo abro y veo que la edición es del año 81, ¡si aún ni había nacido! Y decido leerlo. La portada y contraportada me tiran mucho para atrás, jamás he visto un libro tan feo. El buen hombre que haya diseñado ambas cosas imagino que no le habrán dejado diseñar nada más. Lo habrán mandado a encuadernación, redacción, barrer las oficinas o cualquier cosa que se les ocurra a ustedes. Seguro que lo hace mejor.

Pero dejemos las casualidades vitales y los horrendos diseños externos y vamos a lo que nos interesa: el libro.

La Guerra de las Salamandras es obra del checo Karel Câpek, uno de los precursores de la ciencia ficción moderna (llegó a acuñar el moderno término de “robot”). La obra fue publicada por partes entre 1935 y 1936 en un periódico conservador de Praga, y, gracias a esta obra y otras muchas que escribió, fue un fuerte candidato al Nobel, pero, dicen las malas lenguas, que su refinado gusto por la democracia le puso a alemanes, italianos y alguno más en contra y no se lo pudieron dar. La novela está dividida en tres partes y está escrita de tal manera que es altamente devorable, es decir, se lee muy bien. Por momentos se hace densa y pesada, sobre todo en la parte central de la obra, pues el autor se explaya demasiado en cosas que no tienen mucho que ver con el desarrollo de la trama.

El libro nos cuenta una disparatada historia sobre una nueva raza de salamandras que es descubierta en unas islas del pacífico (Andrias scheuchzeri), la cual resulta ser tremendamente inteligente pues es capaz de aprender cualquier tarea que puede hacer un humano, desde hablar o multiplicar hasta a construir grandes muelles. Ante tamaño descubrimiento, van a entrar en escena las grandes preocupaciones mundiales de la década de los 30 del S.XX, la magnífica sátira e ironía del autor y los negocios salamándricos de los grandes empresarios e imperios de la época.

Pongámonos en situación: en pleno auge del nazismo y  el fascismo, con los imperios coloniales aún vigentes en África y Oceanía se descubre una salamandra capaz de realizar cualquier tarea en la que se la instruya. Esto supone que los grandes hombres de la época vean por una parte, un gran negocio con una mano de obra muy barata y fácilmente explotable, y por la otra, una gran oportunidad de añadir al posible campo bélico del futuro (el autor se huele la Segunda Guerra Mundial) miles de millones de soldados submarinos armados hasta los dientes.

Así, comienza la época salamándrica, llena de obras faraónicas en los mares de todo el mundo, creando nuevas islas, islotes, haciendo demenciales barreras defensivas en contra de sus “amigos y vecinos”, etc. Qué esperamos del hombre. En cuanto ve una buena oportunidad de negocio no puede hacer otra cosa que aprovecharla. Las salamandras son  explotadas sin prácticamente ninguna piedad por el hombre y claro, para el hombre. Las salamandras a su vez nunca se quejan ni ponen pegas de ningún tipo, pero nadie se da cuenta de que todos los avances tecnológicos y técnicos de los hombres se están prestando a las salamandras, las cuales aprenden a una enorme velocidad y utilizarán esta información en su propio beneficio. Diversos estudiosos (y desde Wikipedia) apuntan a que la rápida expansión de las salamandras y su estoicismo, al igual que el poco interés de los estados en frenar esto por motivos económicos, es una metáfora clarísima del auge del nazismo.

La novela al completo es una crítica feroz a los humanos en general, hecha con mucha ironía y sátira. El autor aprovecha la invención de la raza inteligente de salamandras para  meterse con todos los pilares de la sociedad del hombre: desde los Estados, las naciones y los sistemas políticos con los que se organizan, hasta las religiones y las culturas nacionales, pasando por la diferenciación de los hombres por su raza, las ideologías, la explotación del hombre por el hombre, y un largo etcétera. La verdad es que el Señor Karel no deja títere con cabeza. También utiliza el libro para reivindicar su profesión natural, que era la de periodista, encarnando en un reportero de un gran empresario, el Señor Povondra, a un loco por los recortes de periódico que tengan que ver con las salamandras.

Para terminar, decir que la obra es un poco predictiva, y que los capítulos finales bien se podrían haber escrito como metáfora de lo que nos puede pasar a los humanos en apenas cien años a causa del cambio climático: que el Mundo se inunde. Espero que tengamos un poco más de altura y no nos ocurra lo que le sucede a la humanidad de la novela, aunque por el camino que vamos…

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