Spotlight (2015), de Thomas McCarthy

Si la mejor película del año fue Spotlight, no tuvo que ser un buen año. Ninguna de las nominadas a mejor película  son obras admirables. Entretenidas unas y necesarias, como es el caso, otras. Pero lejos de ser merecedoras de un Oscar. Ya de por sí la busqueda de la mejor película es de una simpleza alarmante pero, ya puestos, que se esmeren a la hora de elegir la ‘mejor’ película del año. Algo similar ocurre en el caso de la mejor película extranjera, El hijo de Saúl, reivindicativa, picajosa y punto.

En cuanto a la película, la trama es conocida: un grupo de periodistas del Boston Globe, miembros  de un equipo de investigación llamado Spotlight, tratan de deshilvanar una serie de casos de pederastia por parte de la Iglesia católica. Hechos que la Iglesia ha logrado ocultar durente décadas y que este equipo irán desentrañando. Tampoco  sorprende que la Iglesia oculte este tipo de delitos, porque es el pan nuestro de cada día.

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Fuente: Filmaffinity.com

Este es el punto fuerte de la película: mostrar una investigación periodística seria y dificultosa, que lucha contra cualquier estamento que se oponga. ¿Pero esto sirve para ganar un Oscar? Pues parece que sí. Aunque las películas de periodistas no esté dentro de mis preferencias cinematográficas, en Hollywood son dados a premiar obras que sirven para alabar a un gremio denostado en muchas ocasiones, como es el caso de Todos los hombres del presidente.

Es una película aséptica, que avanza coherentemente, pero tediosa en ocasiones. No trata de hacer florituras de ningún tipo. En cualquier aspecto, desde la técnica hasta lo argumental se podría calificar como una película serie. Rebosa seriedad, sin duda. Pero no tiene ninguna capacidad para sorprender al espectador.

Sus protagonistas, competentes. Salvo Mark Ruffalo el resto no tienen ni un momento para lucirse, y este solo cuenta con un pequeño arrebato justiciero. Una película coral, no se indaga mucho en los protagonistas, ya que el tema a tratar es la historia, no los periodistas que la investigan.

Antes de ver Spotlight llegó hasta mis oídos que era una especie de telefilm, o que poseía esa estética. No entiendo muy bien esta acusación. Formalmente es como cualquier película de encargo y funciona bastante bien durante las dos horas de cinta. Incluso va de menos a más a medida que vamos conociendo testimonios o como han ido actuando todos los agentes que han participado en estos hechos. La capacidad para servir como entretenimiento de calidad a la vez que se cuenta una historia densa es una faceta a reconocer.

Spotlight tiene un valor documental innegable, los hechos que cuenta es necesario que no se olviden, y siempre resulta fácil llegar a millones de personas a través del cine que de la prensa. Pero sin duda, entre las escasa calidad existente, se ha decantado por premiar una historia con un tono serio, que cuenta una verdad molesta. Para cerrar, no hace falta acabar las películas basadas en hechos reales con lo que ocurrió después escrito en pantalla. Decides que es necesario o no, pero cuéntalo con imágenes.

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