Grandes obras que deberías leer: El guardián entre el centeno

Quién no ha oído hablar de El guardián entre el centeno, un clásico entre los clásicos del que se ha dicho hasta la saciedad que es la novela que mejor ha sabido captar los conflictos y contradicciones de la adolescencia. Su autor, Jerome David Salinger, la publicó en 1951, convirtiéndose en un éxito inmediato. Nacido en el seno de una familia acomodada de origen judío, luchó en el ejercito americano en la Segunda Guerra Mundial. Tras la fama adquirida principalmente por esta novela, tuvo que bregar toda su vida contra los medios de comunicación y los fans con el fin de mantener su derecho a la intimidad. Murió por causas naturales en 2010, a la edad de 91 años.

Esta novela fue duramente criticada en la época por su lenguaje “obsceno”, así como por sus referencias a cuestiones que, según los puritanos, no deberían aparecer en los libros por su carácter inmoral, como puede ser el tabaco, el alcohol o la prostitución. Nuestro protagonista y narrador, Holden Caufield, es un muchacho de dieciséis años que va dando tumbos entre los distintos colegios del país, de los que le expulsan por sus malas notas o comportamiento, un rebelde que se debate entre dos mundos que, más que encajar y dejarse paso suavemente, friccionan entre sí: el de su infancia y el de la mitad temida mitad repudiada madurez.

La historia que nos cuenta transcurre entre los dos o tres días que van entre su última expulsión de un colegio, el elitista Pencey, hasta su ingreso en un hospital, ya que se pone enfermo tras vagabundear este tiempo, fumando como un cosaco, por las heladas calles de un Nueva York navideñamente repulsivo. Entremedias, le vemos meterse en peleas, intentando ligar con o sin éxito, contratando una prostituta que finalmente le tima, bebiendo alcohol, riendo, sufriendo… Todo ello en el marco de una adolescencia turbia donde chocan las ganas de jugar y divertirse con la necesidad de pensar y aclarar las ideas, a lo que comúnmente se le suele llamar madurar.

De Pencey le mandan a paseo porque ha suspendido todas menos Lengua y Literatura, y si no le han cateado esta también es debido a sus excelentes composiciones, así como a que ya se había leído en otro colegio las lecturas obligatorias. Además de que jamás estudia, considera que uno de sus mayores defectos es que tarda mucho en asimilar las cosas. Como no quiere volver a casa de momento, ya que espera que llegue la carta de la expulsión antes que él, decidirá dar vueltas y más vueltas por la ciudad.

Holden es un mentiroso redomado, un exhibicionista al que le gusta mucho hacer el ganso, aunque se sienta estúpido al hacerlo. Su pensamiento es convulso debido a su carácter impulsivo, siendo completamente incapaz de controlarse a sí mismo o a su dinero, pareciendo hacer las cosas como guiado por una necesidad que rechaza o desconoce. El resultado, una sensación de desamparo, un andar sin rumbo que le llena de inseguridad y desánimo. Holden se siente perdido en un mundo que no comprende y que a su vez no le comprende a él, en el que ve hipocresía y falsedad por todas partes: en los remilgados de Yale; en los tarados de sólo músculo; en los adultos cuya conversación se resume en el último partido y en cuanto consume su coche a los cien, etc…

Sus padres son gente de bien, trabajadores preocupados por el futuro de su hijo. Su hermano mayor, D.B, es un famoso escritor de cuentos, aunque se han distanciado desde que se ha ido a Hollywood a escribir guiones, lo que Holden tilda de corrupción, ya que para él no hay nada más falso que las películas. Tiene también una hermana pequeña, Phoebe, una niña encantadora e inteligente, que le salvará en un momento dado de caer completamente en las garras de la locura e irse al Oeste a buscarse la vida en un viaje al puro estilo Kerouac. Tenía otro hermano, Allie, pero murió hace un par de años, hecho del que parece hablarnos con reticencia, todavía muy afectado.

Con las mujeres, aunque es virgen, no es nada tímido, es más, se envalentona a la primera entrando en una especie de estado de locura transitoria, llegando incluso a pedirle matrimonio a una chica que ni le gusta demasiado. Como es muy alto y en un lado de la cabeza tiene bastantes canas, se hace pasar por mayor de edad, tanto para ligar como para intentar que los camareros le sirvan un whisky-soda en vez de coca-cola, lo que solo consigue a veces. A su vez, durante el transcurso de su relato se aprecia fácilmente un miedo enorme a ser homosexual, seguramente porque un amigo le dijo que muchos lo son sin saberlo.

Una pregunta que preocupa a Holden de manera recurrente es su afán de saber dónde van los patos de Central Park en invierno. Aunque se lo pregunta a varias personas, que le toman por un loco o un vacilón, y se plantea ciertas alternativas como la posibilidad de que los metan a todos en un camión para llevarlos a Canadá, no lo acaba descubriendo en el transcurso de la novela. Como curiosidad un tanto macabra, el asesino de John Lennon, Mark David Chapman, muy influenciado por este libro -que incluso releyó en la escena del crimen esperando a que llegase la policía-, dijo que el integrante de los Beatles sabía donde iban los patos, y que por eso le mató.

Holden no encaja en ningún sitio. Solo parece estar a gusto con los niños, quizás por que son ajenos a la hipocresía al ser dioses de la inocencia que están libres de cualquier responsabilidad y de la presión inestable que ejercen las hormonas. Y de aquí sale el título del libro. Preguntado por su hermana pequeña sobre qué quiere ser en la vida, tras dudarlo mucho y no parecer encontrar respuesta alguna, recordando la canción “si un cuerpo encuentra a otro, cuando van entre el centeno”, dice:

Muchas veces me imagino a un montón de niños pequeños jugando en un gran campo de centeno y todo. Miles de niños y nadie allí para cuidarlos, nadie grande, eso es, excepto yo. Y yo estoy al borde de un profundo precipicio. Mi misión es agarrar a todo niño que vaya a caer en el precipicio. Quiero decir, si algún niño echa a correr y no mira por dónde va, tengo que hacerme presente y agarrarlo. Eso es lo que haría todo el día. Sería el encargado de agarrar a los niños en el centeno”.

Aunque esto es un tanto complicado, en mi opinión lo que quiere exponer aquí Holden es su deseo de que ningún niño se haga adulto, de que no pasen por ese “precipicio” en el que él se siente inmerso, que se queden en la inocencia, jugando en el campo de centeno.Personalmente, el libro me pareció bastante correcto, aunque he de decir que me decepcionó en cierta medida, ya que en primer lugar pensaba que me iba a cautivar mucho más (ya saben, esos prejuicios que podríamos llamar de portada, sinopsis o autor), y en segundo lugar, creía que trataba otro tipo de rebeldía, una más salvaje, más acorde a mis gustos lectores. Esta fue mi primera impresión.

Más tarde, meditándolo un poco, que en vez de hablar de una rebeldía más llamativa o, si quieren, peliculera, nos cuenta una historia completamente realista donde la rebeldía no se traduce en romper contenedores sino en negarse siquiera a pensar detenidamente en el futuro, un drama de puertas para dentro visible a través de un comportamiento errático que va de lo contestatario a lo miedoso, de reír como un maníaco a llorar como una magdalena.

El estilo con el que está escrito es rápido y, sobretodo, creíble.El autor renuncia a un lenguaje sofisticado y poético por otro más veraz donde no falta lo ordinario, lo vulgar. Durante la novela, jamás nos vemos asaltados por esa visión de un hombre tras una máquina de escribir inventándose una historia para desbancar al tedio o llenar el buche, sino que nos parece haber hallado una reliquia, el diario del adolescente que Salinger finge perfectamente ser. Está escrito con prisas, equívocos, hay partes donde se palpan las ganas de contarnos algo, otras en las que impera el nerviosismo cuando nos cuenta aquellas cuestiones que más íntimamente le afectan.

En definitiva, El Guardián entre el centeno es un libro indispensable para los literatos, así como recomendable tanto para los propios adolescentes como para los que ya han pasado esa etapa, ya que me parece que por una parte tiene la capacidad de hacer comprender mejor sus propias emociones a los que están en ese periodo de la vida y por otra hacer que, identificándonos plenamente con el personaje, retrocedamos en el tiempo como si de una página hacía atrás se tratase. Durante la lectura de este libro, material conductor, transmutamos sin darnos cuenta sus peleas en las nuestras, sus problemas con el sexo opuesto con los nuestros, su vagabundeo por Nueva York por el nuestro, aunque este hubiese sido por las calles menos glamurosas de los polígonos de Villaverde.

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Un comentario en “Grandes obras que deberías leer: El guardián entre el centeno

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