Europa: Brexit

La noticia de que la UE ha llegado a un acuerdo con el primer ministro británico para que este abogase por la continuidad del Reino Unido en la Unión Europea me ha llevado a hacer un par de reflexiones sobre la política de la Unión y de paso sobre la situación política española, tanto respecto a la UE como individualmente, y he llegado a una conclusión muy sencilla: vemos a la Unión Europea como algo muy alejado de nosotros y a lo que no damos apenas importancia cuando en realidad es igual de importante o quizá más que el propio gobierno de nuestro país. Voy a realizar una serie de entradas sobre este tema en las que trataré de dar forma a unas cuestiones cruciales en la coyuntura actual: el Brexit y lo que supone para los derechos y la igualdad de los ciudadanos europeos, la lejanía de las instituciones europeas y la importancia que estas tienen en nuestras vidas, y el tema catalán relacionándolo con el referéndum inglés.

Todo esto viene a cuenta de que en el Reino Unido se ha dado una oleada de populismo antieuropeo, muy anclado en la derecha liberal inglesa,  que ha ido cogiendo fuerza en los años de la crisis y es tan importante ahora mismo que, David Cameron, el actual primer ministro inglés, tomó la estrategia para ganar las últimas elecciones de prometer la convocatoria de un referéndum para ver si UK seguía formando parte de la UE. Antes de dar la fecha definitiva del referéndum, desde las altas esferas de la Unión se rogó a Cameron una reunión en la que este expusiera sus condiciones para hacer campaña por el sí a la permanencia del Reino Unido en la Unión y en la que negociar estos términos. En esta se llegaron a unos acuerdos, todo concesiones a una mayor independencia política de UK ante la UE y unos pequeños pero muy significativos recortes de derechos sociales y laborales a los ciudadanos europeos que estén afincados en Reino Unido y tengan allí un trabajo.

Por ejemplo, un ciudadano europeo que vaya a trabajar a Inglaterra una vez entre en vigor el acuerdo firmado al finalizar esta reunión, deberá esperar ni más ni menos que cuatro años para tener los mismos derechos sociales que un inglés. Otra parte de la negociación y muy significativa por el populismo que simboliza, son las ayudas que se dan a familias comunitarias afincadas en Reino Unido que tienen hijos trabajando en otros países. Esto entra en contra de dos de los principios fundamentales para los que se construyó la UE: la libre circulación de los ciudadanos y la igualdad de estos. Que todos los ciudadanos europeos no éramos iguales era un secreto a voces (obviamente no es lo mismo un ciudadano alemán que un ciudadano griego o polaco), pero ahora han dejado claro que el proyecto europeo no importa tanto como proyecto que beneficie a los ciudadanos, si no que solo importa como un gran mercado con el que nos sea posible competir con las potencias extranjeras. Libre circulación de mercancías y capitales por supuesto, pero la libertad de circulación y de derechos de los ciudadanos en el territorio de la Unión, al menos en Reino Unido, ni hablar.

El ahorro de estas partidas es ínfimo. En el caso de las ayudas del gobierno a los trabajadores extranjeros es poco pues hay alrededor de 85000 familias afectadas por esta medida, y en el caso de las prestaciones por hijos, actualmente esto supone menos de 40 millones de gasto a las arcas públicas. Cantidades ínfimas para un país tan rico como UK, lo que muestra que este argumento es cuanto menos populista y electoralista. Estos acuerdos los ha pedido el Reino Unido para frenar la “crisis” migratoria que le asola, pues la gran cantidad de inmigrantes europeos pueden acabar con el estado de bienestar británico. Si el Reino Unido está sufriendo una crisis migratoria, me gustaría saber cómo llaman los británicos a la que está sufriendo Grecia o países del este de Europa con la afluencia masiva de refugiados que están soportando.

Otro punto llamativo, más de índole política, es que se ha anulado la capacidad de las instituciones de la Unión para forzar a Londres a una mayor integración política o económica, y además se les ha dado a estos un veto especial en el caso de que se apruebe una ley que no les guste. Así el Reino Unido se pone la medalla de que es un gran país que no va a ser gobernado por nadie más que por sí mismo. En esto tienen parte de razón, pues los cálculos de gente importante en el derecho español (profesores de la universidad que han dado clase a un servidor) estiman que de la legislación española que se aprueba cada año, alrededor de un 70% proviene de la UE, si no directamente, sí en el marco de la legislación europea, y algo parecido sucederá allí. Es cierto que han pedido un autogobierno mayor, pero volvemos a lo mismo de antes: se separan de nosotros política y socialmente, pero económicamente mantienen y amplían sus privilegios. A cambio de estas concesiones en política, se ha concedido a Londres una especie de primacía para la City de Londres (principal plaza financiera de UK y de la UE) y facilidades mayores a las empresas inglesas tratando de que nadie las discrimine por no estar en la unión monetaria europea. Ante esto estaba el temor de muchos países europeos de que los bancos afincados en la City tuvieran una legislación más laxa, y así es. Van a tener ventajas competitivas más allá de la que ya les daba ser la principal plaza financiera de Europa.

Los gobiernos europeos han concedido toda esta serie de privilegios, que resultan más simbólicos que reales en el plano económico pero no en el político, a cambio de que Cameron haga campaña por el sí a la permanencia de Londres en Europa. Cameron se cree capaz de ganar y por eso han cedido, pero, ¿y si no gana? ¿Tan importante es Reino Unido para Europa?

Tanto si el referéndum dice que UK se queda como si no, a mi juicio Europa ha renunciado a demasiado por ganar muy poco. Ha renunciado a dos de los pilares morales principales de la Unión: la libre circulación de personas y la igualdad de los europeos, además de haber sentado el precedente de que se permite a un país grande presionar a las instituciones para conseguir ventajas competitivas sobre los demás. Y no solo contentos con esto, se les ha dado un “veto” que pueden aplicar cuando una ley no les guste, aparte de haber frenado el último paso de la integración europea por la que se lleva luchando muchos años.

El Reino Unido apenas hace una aportación al presupuesto de la Unión del 0,2% de su PIB, mientras que los propios expertos economistas de la City de Londres estiman la pérdida inmediata de un 3% del PIB si UK sale de la UE, unas pérdidas de ingresos de más de 300.000 millones hasta el año 2030 a lo que  habría que sumarle el coste que supondría para el país perder los privilegios económicos del libre mercado que es el seno de la UE. Por lo que estas cifras serían muchísimo más elevadas. De hecho la City y las grandes empresas allí afincadas han declarado en multitud de ocasiones que están en contra del Brexit.

Bien es cierto que la Unión Europea no puede soportar la presión que significaría perder a la tercera economía de la Unión, y que los rumores del Grexit de este pasado verano están muy recientes y también que el dinamismo económico inglés favorece a la economía europea por ser un gran mercado tanto por volumen de población como por su riqueza, pero a mi juicio se ha renunciado a demasiado por conseguir algo que no es seguro al 100% que suceda. Se buscaba mantener la Unión Europea unida y firme, pero a lo que hemos renunciado por conseguir eso es justamente lo que nos mantenía unidos como sociedad.

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