Las enseñanzas de Don Juan y el Misterio Castaneda.

Sobre los orígenes de Carlos Castaneda (¿1925?-1998) no cabe sino especular, ya que en vida trató de borrar todo rastro de su identidad. ¿Era estadunidense, peruano, brasileño? Quién sabe. Aún así, esta cuestión es de importancia menor si la comparamos con su obra y la controversia que la misma ha suscitado, tanto entre sus lectores como en los círculos académicos. Hoy vamos a analizar su primer libro, Las Enseñanzas de Don Juan, cuyo propósito inicial era ser un trabajo de campo de Antropología para la universidad pero que, poco a poco, se convierte en otra cosa completamente distinta.

Este trabajo consistía en una inmersión de campo en Sonora, México, con el objetivo de estudiar el uso de plantas psicotrópicas por los chamanes yaquis, los aborígenes de esa zona del país. En él vemos como Castaneda se somete a la instrucción de Don Juan para llegar a ser un nahual, es decir, un brujo con la capacidad de convertirse en un animal a su voluntad. Don Juan, cuyos orígenes e incluso existencia son un completo enigma, le inicia en una tradición tan antigua como hermética en la que se nos dice, por ejemplo, que el hombre puede convertirse en un cuervo y volar, adivinar el futuro o matar a alguien embrujando un grano de maiz. Quizás te lo pienses mejor la próxima vez que comas palomitas.

Este libro, polémico por definición, permite cuanto menos dos interpretaciones: o bien es una ficción que ha sido utilizada por su autor, Carlos Castaneda, con fines lucrativos (ya que se hizo millonario con las ventas) o significa, básicamente, que la magia existe. En palabras del escritor mexicano Octavio Paz, su tema es la derrota de la antropología por la magia, una etnografía que en el transcurso de sus páginas se transforma en la historia de la conversión de Castaneda de estudiante y ateo a nahual. En primer lugar, para poner en situación a aquellos que no conozcan la obra, hablaré del libro propiamente dicho, así como de las cuestiones que plantea para ya después, con la historia sobre la mesa, comentar el famoso “Misterio Castaneda”, así como las polémicas y críticas que el libro ha suscitado.

Para llegar a ser un “hombre del conocimiento”, el objetivo de la instrucción de Castaneda, el aprendiz debe vencer a los cuatro enemigos naturales del hombre, que son el miedo, la claridad de mente, el poder y la vejez. Al miedo hay que ganarle en primer lugar teniéndolo y, una vez sentido, no negándolo sino enfrentándose a él. Una vez superado, aparecerá la ilusión de poder denominada como claridad de mente, esa que nos dice internamente que ya sabemos lo necesario y nos ancla en una determinada manera de pensar lo que, permítanme el inciso, recuerda inmediatamente a ciertos personajes que todos conocemos de los debates televisivos.

El tercer enemigo es el propio poder, ya que se corre el riesgo de que este domine a la persona y no al contrario. Por último, el enemigo más letal en cuanto insuperable, es la vejez, es decir, nuestra condición de mortales. Por lo tanto, llegar a ser un hombre de conocimiento está al alcance de muy pocos, y aún así, estos solo lo conseguirán ser de manera temporal, en destellos que recuerdan al concepto de satori del budismo zen. A su vez, si el individuo lo desea, un hombre del conocimiento puede convertirse en un brujo negro, es decir, en un “diablero”, como se les conoce popularmente en México.

Existe un sistema que permite alcanzar este objetivo, un sistema rígido donde las innovaciones o errores cuestan la vida o, si se tiene “suerte”, la locura o la estupidez. Estas posibilidades están implícitas durante todo el proceso de aprendizaje por la propia naturaleza peligrosa de los elementos manejados. Es un proceso incesante en el que, pese a no haber requisitos declarados, si existen encubiertos, siendo cualquier circunstancia especial que ocurra durante este proceso o en torno al aprendiz tomada como augurio.

Don Juan adquiere poder a través de los llamados “aliados”, una ayuda indispensable para saber sobre cuestiones en las que “ningún ser humano podría iluminarte”, siendo su posesión la principal diferencia entre un hombre de conocimiento y el resto de los mortales. Son entidades que viven fuera e independientemente de uno mismo: entes invisibles cuya presencia solo se puede notar sensorialmente. Es un poder, vehículo y ayudante que se puede invocar para que ayude a uno, lo aconseje o le dé fuerza realizar lo que se desee, independientemente de que estas acciones sean “grandes o pequeñas, justas o injustas”.

Como maestro, Don Juan introducirá a Castaneda en el uso de dos aliados: La yerba del diablo (toloache, datura ferox) y el humito (mezcla de hongos secreta, aunque Castaneda creía que se podía tratar de alguna variedad de la psilocybe mexicana), siendo la primera ideal para los que quieren poder (para “hombres fieros que buscan en la violencia el poder personal”) y la otra para los que quieren ver y observar, ya que otorga la incorporeidad. Don Juan no esconde su odio-temor hacia la yerba, mientras que habla del humito, su antítesis, como un incomparable amigo y “dador de éxtasis”. Para que el humito lleve a cabo correctamente su función es necesario que el individuo tenga voluntad de recordar lo que ha visto, así como que también desee volver del viaje.

Para Don Juan, las drogas (cuyo uso no es ni mucho menos recreativo, sino utilitario y enmarcado en un ritual periódico) tienen la capacidad de producir lo que denomina “estados de realidad no ordinaria”, a los que considera tan reales como la realidad misma y, a su vez, diferentes a otros estados como puede ser el onírico, donde las imágenes se suceden sin que podamos hacer nada para evitarlo. Para llegar a ser hombre de conocimiento, necesitas poseer un aliado, siendo este el único método de aprendizaje, más por el cuestionamiento que conlleva de la realidad “ordinaria” que por las sensaciones que en sí mismos producen. Este, por tanto, es el camino hacia la sabiduría, el cual se nos dice que hay que andar “bien despierto, con miedo, respeto y absoluta confianza”. No obstante, no todas las drogas son aliados, ya que para serlo tienen que tener ciertas cualidades y, sobre todo, una regla de uso que hace que sean eficaces.

Mientras que en la realidad del día a día prima lo que Castaneda define como “consenso ordinario” (es decir, que yo te diga que eso es una pera y tú estés de acuerdo), en los otros estados de percepción esto no es así, sino que aparece el llamado “consenso especial”, otro concepto a la par necesario y polémico, ya que en primer lugar se hace para salvar la idiosincrasia de las visiones (que, habiendo consumido una droga, yo vea un caballo y tú un dragón, mientras que un tercero sobrio diga que no hay nada, no impide que los dos primeros estemos de acuerdo en ciertas características o tengamos sensaciones parecidas durante nuestro estado no ordinario), pero es a su vez polémico en cuanto que Don Juan, con sus enseñanzas tanto anteriores como posteriores así como sus directrices durante las propias experiencias psicotrópicas, condiciona las visiones y sensaciones de Castaneda: guiándole, dándole importancia a ciertos aspectos, restándosela a otros…

Por último, el maestro yaqui también introduce a Castaneda al Mescalito, la entidad que a la vez es y habita en el Peyote. Mescalito no es un aliado (ya que no posee una regla, que hemos dicho que es la condición necesaria para que lo sea), sino un protector, un maestro disponible para cualquier hombre que enseña lo que Don Juan considera la manera correcta de vivir, siendo una vida verdadera “la que se tiene certeza nítida de estar viviéndola. Una vida buena, fuerte”. Esta vida ideal depende del individuo, aunque se le recomienda seguir-dejar su camino sin miedo ni ambición.

Como apunte decir que todas estas sustancias han sido utilizadas y veneradas desde los tiempos precolombinos por los pueblos mesoamericanos. Tras la llegada de los españoles, fueron conocidas y condenadas por los misioneros, ya que estos consideraban su poder y el de los brujos real, derivado de tratos con el mismísimo demonio. Por último, han sido despreciadas e ignoradas hasta tiempos relativamente recientes por la ciencia occidental, hasta que llegaron botánicos (Watson) y farmacólogos (Lewin) que las estudiaron. Los estragos que producen hoy en día los alucinógenos pueden deberse en gran medida a que han sido arrancados de su contexto teológico y ritual, lo que les dotaba de transcendencia y minimizaba los riesgos para la salud respectivamente.

El libro acaba con Castaneda sucumbiendo ante el primer enemigo del conocimiento: el miedo, provocado principalmente por los famosos “flash-back” que provocan ciertos alucinógenos. Otro suceso importante que atemorizará a nuestro narrador es cuando Don Juan le dice que una diablera está intentando matarle. Durante el rito para evitar que esto ocurra, aparece otra de las grandes polémicas del libro (de la que el propio Castaneda parece dudar de su verosimilitud), ya que Don Juan, a través de un comportamiento sumamente inusual y agresivo, intenta agredirle, cosa que posteriormente dice haber hecho poseído por la bruja. Sin embargo, la apariencia externa es la de Don Juan, y si no parece el mismo es por lo anómalo de su conducta, pero esto puede ser simplemente un truco, una actuación de cara a, perdónenme la gracieta, los “Oscar chamánicos”. Cabe destacar que el significado de los conceptos nos llega tal y como Castaneda dice haberlos comprendido.

Don Juan transmite su conocimiento de forma pragmática y experimental, en un sistema alógico y no científico que se explica por si mismo, de manera en cierta medida tautológica ya que, para entender el conocimiento que el maestro intenta transmitir, es necesaria la adopción e interiorización del orden conceptual propuesto por Don Juan, concepto que se puede considerar similar al concepto de fe cristiana, es decir, a la necesidad de fe para comprender ciertos sucesos. Si no se ha interiorizado este orden, esto significa que el aprendiz ha fracasado, habiendo sucumbiendo por lo tanto ante alguno de los enemigos del conocimiento.

Para iniciar el segundo apartado de nuestro análisis, el de las polémicas suscitadas por el libro y la propia persona de Carlos Castaneda, comentar inicialmente que gracias a este y otros libros (ya que volvió a estar bajo las enseñanzas de Don Juan), se convirtió en el líder de un movimiento, por sus características sectario, que se proclama como sucesor de unas culturas y tradiciones hace tiempo extintas, principalmente del ya comentado nahualismo primitivo.

Otro hecho que es importante destacar es que no existe ninguna foto ni evidencia que pruebe que Don Juan existió realmente, así como que el libro tiene graves deficiencias si es considerado como un trabajo de antropología. Castaneda nos dice respecto a esto que Don Juan se negó rotundamente a ser fotografiado, así como a que se utilizase una grabadora para conservar la conversación, y que si le dejó tomar notas fue ya de puro milagro. Existe a su vez ciertos desajustes con las fechas en las que Castaneda estuvo en Sonora bajo las enseñanzas de su maestro, ya que hay pruebas de que estaba en realidad en California. Castaneda salva estas dos últimas críticas diciendo que, si bien Don Juan existió, puede considerarse como una recurso para ilustrar el conocimiento que adquirió por otros medios y que, como brujo que es, puede estar en varios sitios a la vez. Ante afirmaciones de este estilo, no puede uno sino creerle, negarle toda credibilidad o reírse.

Respeto a las críticas del libro, he aquí las que me han parecido más importantes:

Algunos autores y antropólogos le acusan de que se inventó todo. A su vez, otros aluden al carácter no científico y por lo tanto no falsable de sus libros. También se le ha acusado de haber realizado un pastiche de misticismo oriental, budismo, cultura psicodélica, chamanismo, esoterismo… Así, Marvin Harris, reputado antropólogo, le critica el no haber mantenido la objetividad necesaria como investigador. Por su parte, Castaneda dice que, pese a que el objetivo inicial del libro fue ser un trabajo de antropología, eso no significa, ni mucho menos, que finalmente lo fuese.

Por otra parte, Albert Hofmann  afirma que en las descripciones que Castaneda hace de las experiencias psicodélicas se puede ver que no experimentó él mismo con esas drogas. Este es un argumento que me parece de bastante peso, ya que proviene ni más ni menos del descubridor del LSD. Una crítica similar empuñaría en su contra Timothy Leary, otro reputado experto en la materia.

Por último, a modo de curiosidad, Castaneda afirmó en varias ocasiones que los brujos ni morían ni enfermaban. Sin embargo, él murió de cáncer hepático a la edad de 72 años. Pocos días más tarde, sus principales compañeras-amantes, cinco brujas, desaparecieron. No se sabe nada de ellas desde 1998. Según la organización Castaneda siguen “de viaje”. Cabe destacar que se encontraron los huesos de una de ellas recientemente en el Valle de la Muerte.

Con todo lo dicho, está claro que este libro, por muy interesante que sea, tiene muchas papeletas de ser igual de real que Hogwarts: el lugar en sí existe, pero no es, ni mucho menos, el que se nos muestra en Harry Potter.

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