Torrezno 3º

Érase una mozuela el día de la fiesta grande, no llegaba a la decena, y ya su primer disparate. No les adelanto más, sigan ustedes leyendo y no se me vayan a alborotar por lo que les estoy diciendo.

Esta niña, muy juguetona, hallábase sola en casa, esperando a su madre que a la iglesia fue a rezar. Su hermana mayor tampoco, hubo de ir a escardar. Esta historia sucede hace años, queridos amigos, ni siquiera estaba Franco, fíjense si habrá llovido.

La tenían prohibido el pozo, no fuera que se cayese y no la dieron el gozo de dejarla de beber. Así nuestra pobre niñita, sedienta que se sentía, ni un cántaro de agua fría, la Pepsi aún ni existía, solo había un poco de vino blanco, más áspero que el atraganto, que al acercárselo al olfato, con su dulzura infantil no hubo si no de rehuir.

Hallose en la alhacena sedienta como alma en pena, y divisó una botella, transparente al juicio de ella, igual que el agua del pozo ¡llevose tremendo gozo! La agarró con sus manitas y le quitó el tapón de corcho, ni un segundo tardó en atacarla y darle el primer sorbo. Era algo dulzón y estaba muy caliente, le nublaba la mente, pero la sed la podía ¡y vaya tientos le daba la tía!

Comenzó ella a llorar y sentirse mal de la cabeza, no pudo parar de beber como si fuera agua fresca. Media botella llevaba y no se pudo levantar y comenzole a gritar a su madre sin parar de llorar. La madre que ya volvía oyó los gritos por la calle, comenzó a andar deprisa y también a sulfurarse:

-¡Ay mi niña que te pasa que te veo ahí llorando! ¡No habrá entrado un mamarracho que nos esté robando!

-No madre, no. Yo no sé lo que me pasa. Bebí un poco de esto y me da vueltas la casa. Tenía sed y era dulce, pero no sé por qué lloro, y al tratar de levantarme de bruces me voy.

-¡Hija ten decoro!

-Madre me bebí esto, estaba cual perro sediento.

-Pero Juana que vergüenza, ¡eso es pa´l padre Ernesto! Viendo esto ya comprendo, mal lo pasarás mañana. Ahora vete a la cama, mañana ya te explico yo.

La muchacha decidida a obedecer a su madre, se levantó con mucho alarde y llorando a moco tendido: “¡que alguien me explique este llanto y este dolor de cabeza! ¿y por qué no me dijo usted, madre, lo de su hermana gemela?”

La hermana entró en la alhacena y al presenciar tal escena no pudo mas que exclamar: “¡Pero hermana, sinvergüenza, tu primera borrachera! ¡Mira que dejar al cura sin su botella de anís, que el canalla dice que no es para él si no para compartir! Ya podría creérselo él, si no hiciera eses al bendecir. Lo que te pasa a ti hermana, y escucha que no te miento, lo que trae esta borrachera es una resaca como un templo.

Y así termina este cuento, mientras llevan a nuestra niña a dormir.

 

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