Torrezno 2º

La impresión fue mayúscula. Dijéronse que ojalá no vieran jamás algo parecido, ni siquiera en una película. Fue tal la impresión que erizáronseles los pelillos de la nuca. Se vieron envueltos en tal trifulca que sería una noche que no olvidarían nunca. NUNCA JAMÁS.

En el bar de la plaza del pueblo más transitado por adoslescentes y viejos, todo pasó de repente. Necesario no fue un espejo, para ver el monstruoso miembro. El camarero, muy ufano, la garieta agarró con su mano, y se dispuso a atravesar al fulano. Aquel señor medio calvo, borracho por decir algo, apostose la cuenta de la noche: “si en el vaso de la copa no me cabe, de aquí me iré sin pagarle. No valdrán amenazas ni insultos, o golpes que causen baja, ni tratar con su navaja, de hacerme en el pecho una raja”.

El camarero aceptó, tranquilo, sereno y quieto, puso cara de coqueto por no reírse del sujeto. El sujeto echo mano de su cinturón de hortelano, bajose la bragueta y la calzona y el procedimiento habitual: el ritual exigía rezar un ave maría, y, tratar con el miembro blando, de meterlo en el vaso. Tremendo monstruo tenía guardado el buen hombre ahí debajo y dijon el camarero: “¡valiente miembro caballero, si usted se ha bebido el bar entero! Niego y me reniego a pagarle a usté el pedo. Ya me está dando el dinero, por mucho que la tenga grande, bastante humillante es, que llegandole por los pies, se beba mi vino y mi cerveza y yo como un gilipollas, coja y acepte su apuesta. Por encima de mi cabeza, después de cortarla en dos, se ira usted de mi bar sin pagar su colocon. Usté tiene dos opciones, o abona sus consumiciones, o me voy a enfadar, y le arranco los coj… con miembro incluido, y mi vocabulario perdone.”

El borracho muy sereno, contradictorio pero cierto, con la minga al descubierto y como dando un concierto, subiose a la barra y comenzó a dar la tabarra: “escuchen con atención los clientes del bar, de aquí me iré sin pagar, miren ustedes mi verga, ¿no es solo razón de más? Un pacto de caballeros quiso hacer el mesonero, que si no me cabía el miembro en esos vasos modernos, de aquí me iba sin pagar y después de que he ganado, amenazado me hallo por el dueño del bar.”

La gente no daba crédito, era el borracho emérito, con el cimbrel colgando habría de irse sin pagar. Así fue el grito popular: “ante tal miembro viril usted vayase de aquí, que las buenas mozas del pueblo querrán lanzarse a por tí.” La mujer del alcalde, mujer muy desagradable, hasta sacó una sonrisa, la maruja de la Marisa le ofreció hueco en su cama, y hasta las más ancianas se quedaron prendadas del encanto juvenil que estaba encima de la barra.

El tabernero en sus trece “págueme lo que merece”, y los hombres del pueblo hallábanse muy coléricos “esto hay que solucionarlo, las mozas quieren quedárselo”. El alcalde, el principal, sabiéndose necesario, le dio la garieta al Macario. Este muy temerario, de la barra tiró al borracho y este viéndose satisfecho, se fue a casa derecho, con la cuenta sin pagar y las mujeres por detrás “ay madre de mi vía, virgen María purísima, eso no lo he visto nunca, déjame otra visual, que en este pueblo lo habitual son pequeñas y veloces, y ese pedazo de tranca por aquí no se conoce”.

Alborotose todo el pueblo, subieron mucho los decibelios, la noticia se extendió, el buen hombre desapareció, dispuesto a dar otro espectáculo con semejante pollón.

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