Toro de la Vega: ¿Maltrato animal, tauromaquia o tradición?

A juicio del que suscribe, la primera parte de la pregunta es, a todas luces, muy sencilla de contestar: el Toro de la Vega (y espectáculos similares, que hay algunos) es maltrato animal. Ahora bien, ¿es tauromaquia?

La tauromaquia según la RAE es el “arte de lidiar toros” o bien  la “obra o libro que trata de este arte”, lo cual plantea otro problema de fondo: ¿es el toreo verdaderamente un arte? En esto estarán a favor aquellos que les guste el  toreo por la razón que sea y viceversa, pero ajustándonos a lo que nos concierne, no puede ser catalogado de tauromaquia cualquier cosa en la que aparezca un toro. La tauromaquia, por suerte o desgracia, es un rasgo cultural de nuestro país, no creo que tanto dentro de nuestras fronteras, si no más bien de cara al exterior, a los turistas que vienen a traídos por los libros de Hemingway, las obras de Goya o simplemente porque la promoción turística del país se ha basado, y sigue basando en muchos aspectos, en el sol, la playa, las sevillanas y el ¡olé torero! Ahora bien, si no llega a ser porque es rasgo cultural de la nación española no estaría, ni de broma, permitido el lidiar toros en nuestro país. Otra cosa es que esta cultura esté dejándose de lado cada vez en mayor medida por una parte de la sociedad.

La tauromaquia podría considerarla un arte si no tuviera que tener la necesidad de llevarse seis toros por delante cada tarde. No solo se los mata, si no que se les pican y clavan banderillas. Con esta simple descripción, la tauromaquia me recuerda más a un circo romano que a Los jugadores de cartas de Cezanne. Eso sí, si se desechara la violencia gratuita en contra del animal estaría dispuesto a comparar el toreo con cualquier arte. Incluso discutiría sobre que se picase o banderillee al animal para favorecer el espectáculo, puesto que estas heridas no matan al animal, a pesar de que a muchas personas no les gustaría en absoluto esto, cosa que también comprendo. El que un hombre se ponga delante de un animal ocho veces más grande y lo toree, a mí, personalmente no me desagrada.

Que se toree a un toro, que se le pique, banderillee y se le de muerte en un aplaza pública es bastante grave, pero no tiene ni punto de comparación a que se suelte un toro en las afuera de un pueblo y cientos de hombres vayan montados en sus caballos o a pie, persiguiéndole lanza en ristre, buscando únicamente el atestarle el lanzazo que acabe con su vida. Al menos, en la plaza de toros, el torero de turno trata de hacerlo bonito el tiempo que está dando capotazos delante del toro.

Si separamos el Toro de la Vega de la tauromaquia, esta aceptada y permitida por ser un rasgo de nuestra cultura, otro interrogante nos asalta: ¿y si estas disciplinas, sobre todo el Toro de la Vega, están legalizadas simplemente por ser una tradición de nuestro país?

Las tradiciones son rasgos de una sociedad que esta considera como suyos por ser un uso o costumbre que lleva utilizando mucho tiempo. En España hemos tenido tradiciones que ya han sido prohibidas, más por el sentido común de una parte de la sociedad que por que aquellos que las llevaban a cabo se dieran cuenta de que estaban obrando mal, por mucho que fuese algo que se llevase unas cuantas generaciones haciendo. Por ejemplo, en nuestro país nos gustaba tirar cabras de campanarios o, hace un par de siglos, era relativamente común que los hombres hicieran duelos a muerte. Uno que era relativamente común entre los hombres de clase baja eran los duelos a garrotazos, como pintó Goya en su famoso cuadro de la serie de las pinturas negras “duelo a garrotazos”. Las culturas india y árabe tienen como tradición concertar los matrimonios, de hecho en algunos países se sigue dando. Aquí hoy día eso nos parece aberrante, pero también lo hicimos en el pasado.

Con esto, quiero decir, que no por el hecho de que una cosa sea tradición o un uso o costumbre de una sociedad debe permitirse sin más, sin preguntarse siquiera si es algo ético y moral. El lancear toros en un prado es igual de barbarie que lanzar cabras de campanarios o forzar a niñas a casarse con un señor adinerado que da una buena dote a la familia. Recientemente la Unión Europea ha prohibido que el dinero que envían a España sea utilizado para subvencionar corridas de toros. Nos están dando un aviso. La tauromaquia está permitida porque una parte de la sociedad es fiel al espectáculo llegándola a llamar fiesta nacional, pero incluso una buena parte de los aficionados a los toros se están dando cuenta de que las corridas de toros cada vez llevan menos gentes a sus plazas y que se van perdiendo poco a poco. Que se permitan los toros, con su consecuente desaparición progresiva, no significa que debamos permitir que se lancee a toros por la mera diversión de un pueblo. Puedo respetar a una parte pequeña de mi sociedad aficionada a los toros, a pesar de que yo restringiría este espectáculo para hacerlo menos sangriento, pero que en un pequeño pueblo de Valladolid se lancee un toro hasta la muerte no me parece, desde luego, ni medio respetable.

De las corridas de toros en particular ya escribiremos. Si total, el objetivo es polemizar todo lo que se pueda.

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