Que bonito fue aquel día.

Qué bonito fue aquel día, aquella tarde de primavera. No había ventanas en nuestra casa así que no sabría decirte como estaba el cielo, pero seguro que debía de estar precioso.

Estabas en tu cunita, tan lindo como siempre. Tu mamá te sacó para darte el pecho y yo me emocioné en el sillón orejero a vuestro lado. Me emocioné pensando en todo lo que nos había costado tenerte y de la satisfacción que me causaba haber conseguido aquel propósito. Tú agarrabas la teta con tu manita, menudo glotón eras, y tu mamá te miraba enamorada a pesar de los dolores que le causabas al darte de comer. Me recordabas mucho a ella. A tu madre siempre le ha encantado comer como parece que te gusta a ti, mi vida.

Conseguimos todo lo que teníamos porque tú eras nuestro único objetivo, lo conseguimos gracias a ti. El pequeño piso a las afueras con dos habitaciones, pensado en que tu tuvieras una para ti, donde poner tu cuna y, posteriormente tu cama y un armario, el resto ya llegaría después. Tu madre y yo teníamos la plena seguridad de lo que estábamos haciendo, a pesar de que nuestras familias nos criticaban por lo que hacíamos. Pero daba igual. Queríamos hacerlo. Formar nuestra propia familia, a pesar de que era un riesgo y suponía empezar de cero nuestras vidas, en un lugar que no conocíamos. Nos apartamos de todo. El amor no importaba para ellos, lo primero eran las apariencias y la tradición.

Cuando comenzamos a querernos apenas teníamos 19 años. Fue algo nuevo e inesperado, a nadie de nuestro entorno le hizo gracia que nos hubiéramos dado cuenta de que nos queríamos. ¿Qué tiene de malo el amor? ¿Tan extraño es que dos personas se quieran, sean quienes sean y vengan de donde vengan? Comenzaron a aislarnos, perdimos muchas relaciones, nos hacían sentir como bichos raros, y eso fue lo mejor. Nos dio mucha fortaleza y seguridad. Seguridad en nuestro amor, tozudez en que la felicidad era el objetivo de nuestras vidas, la única manera de conseguirlo era querernos, y si para querernos teníamos que romper con todo, lo haríamos. El convencimiento era del cien por cien, el problema eran los medios. Pero tampoco importó. Cogimos prestados unos cientos de euros de nuestros padres y nos fuimos de allí. Con esfuerzo y sudor conseguimos un poco más de dinero que nos ayudó a realizar nuestras vidas por completo, es decir, tener un hijo, es decir, tenerte. A decir verdad no nos fue fácil, pero lo conseguimos. No nos hacía falta nada más de lo necesario y la determinación que nos daba el sentir que hacíamos lo correcto en todo momento.

Nos costó mucho el comienzo, pero el amor nos daba seguridad. Era todo muy extraño. Veníamos de un sitio en el que no nos aceptaban y en nuestra nueva ciudad nadie nos rechazaba por ser lo que éramos: dos mujeres enamoradas, que nos amábamos y que estábamos muy seguras de formar una familia juntas. Dos Mamás.

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