Crítica de La seducción (2017), de Sofia Coppola

Dos de las grandes taras del cine actual -entre otras tantas- son la mojigatería y el exceso de diálogos. La seducción (2017), remake de El seductor (1971), da buena cuenta de estos problemas, siendo la readaptación de Sofia Coppola un intento infructuoso por cambiar el sujeto principal de estudio.

Ambas cintas están basadas en una novela de Thomas Cullinan en la que se narra la capacidad -y necesidad- de un soldado yanqui de embaucar a un grupo de señoritas del sur de Estados Unidos afincadas en una residencia. Un soldado que acabará cayendo paulatinamente en unas redes tejidas de celos y pulsiones sexuales reprimidas.

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Si la película dirigida por Don Siegel (Fuga de Alcatraz, Harry el sucio…) y protagonizada por Clint Eastwood (no hacen falta referencias) tiraba de alguna torpeza narrativa para entender a los personajes, en esta todo el esfuerzo para desarrollarlos se basa en diálogos recargados e inverosímiles.

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Show me a Hero

“Que se joda el espectador medio”. Esta es una de las frases lapidarias de David Simon con la que describe su manera de hacer televisión, concretamente series y miniseries. Trabajador exclusivo de la cadena estadounidense de pago HBO, Simon ha dejado obras del calibre de The Wire o Treme, que, si bien no son obras que hayan batido récords de audiencia en sus emisiones en directo, han quedado para la posteridad como obras de culto que han sabido radiografiar las historias y entramados que han querido relatar.

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Nick Wasicsko, alcalde de Yonkers. (HBO.com)

 

Haciendo gala de un buen jodimiento al espectador medio y basándose en la cita “muéstrame un héroe y te escribiré una tragedia”, del escritor norteamericano Francis Scott Fitzgerald, David Simon y HBO crearon la miniserie Show Me a Hero, en la que se narra la debacle política de un alcalde por el simple hecho de acatar la ley y hacer algo que se supone moralmente correcto.

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10 remedios caseros para curar el derretimiento del Polo Norte, por Percibal el Anacoreta

No seré yo quién sostenga, como si de una sartén se tratase, que los científicos, ONG’S y resto de funcionarios medioambientales del mundo no sepan de lo suyo (al fin al cabo, es lo suyo). Lo único que digo es que los tiempos están hoy tan revueltos que es imposible hacer ya una tortilla con el raciocinio. No obstante, si creo posibles avances en lo relativo al ketchup, es decir, que todavía es posible el salseo.

El caso es que el caso del Polo Norte es un caso muy polémico, tanto que, por más que se repita en todas las telenovelas y videoreportajes del mundo, muchos no le hacen ni caso. No digo, tampoco, que el cambio climático sea una pueril mentira apocalíptica, pero tampoco es para mí un dogma; tan sólo soy de la opinión, humilde como la de cualquier otro ganadero, de que los responsables (que, ante todo, nunca es uno mismo) no piensan en otras vidas posibles para el Polo Norte, pues quieren salvarlo y no transformarlo, y eso, en una sociedad socialista, es pecado. Además, sobre el Polo Norte se ha dicho mucho y mal, y desde los últimos años los medios nos bombardean con sesgados informes que no producen sino desinformación, es decir, lo que ya recogía la pedante expresión latina ignotum per ignotius.

Por ello, me he propuesto buscar soluciones novedosas para salvar ese gran corazón de hielo que es el Polo Norte, a cuyo hermano sureño nadie osa acompañar. Jugando con las palabras como si fuesen ardillas en dibujos animados dispuestas a vivir una aventura con un protagonista con el que pueda uno identificarse, se podría decir que el Polo Sur es como la Osa Menor, y que no importa nadie sino a snobs y post-modernos. No dicho lo obstante, algunas de las soluciones que ofrezco para la Osa Mayor de los casquetes pueden usarse para su hermano pequeño, si bien demandaré a la empresa-institución que ose hacerlo sin previo consentimiento de mi parte. Una vez dicho esto, es hora ya de dejar de enrollarse como persianas que siempre se recogen mal y dar paso a estas propuestas de cambio. Para hacerlo de forma completamente objetiva y experimental, acorde con el método científico, he decidido elaborar, como ya hecho algún sabio youtuber, una lista de 10 absolutamente novedosas y fascinantes soluciones para el Polo Norte, y aquí van: Sigue leyendo

Fake news o lo Leroy Merlin y Morgan Freeman no quieren que sepas

Rajoy afirma en el Congreso que el presidente no es él.

El Senado se reunía hoy para debatir qué formación debía visitar este mes Al Rojo Vivo para un pequeño cuestionario y quién debía llevar El Gato al Agua a ese programa especializado en sistemas de detección de radares. El primero en hablar ha sido el “pipa” del Congreso. Una vez comprobados los micrófonos, Ana Pastor, vinculada al club blanquiazul hasta 2020, ha dado la palabra al candidato a socialista Pedro Sánchez; quien, en forma de holograma, ha reiterado la visión que tiene el PSOK de España, a la cual la formación del clavel y la bofetada entiende como un “conjunto de municipios” hermanados “por la todopoderosa Renfe y el color rojo”. Tras su alarde de elocuencia, que ha sido aplaudido por todos los presentes menos por los integrantes de la bancada socialista, el ex-presidente in extremis ha pedido la comparecencia del actual auriga español, Mariano Rajoy, para explicar sus últimos movimientos en Cataluña.

Rajoy ha subido al escenario portando su traje azul marino estándar. Nada más salir de su escaño, la bancada del Banco Popular aplaudió a su dirigente por cómo lo hizo, ya que Rajoy sorteó varios escalones con no poca habilidad. Una vez a salvo en la tribuna, el presidente comenzó su intervención dando las gracias a “Perfumerías Jazzming” por haber patrocinado la última campaña electoral de su partido. Una vez aclarado este aspecto, Rajoy ha querido responder a Sánchez afirmando, mientras hacía el inmemorial gesto de las comillas, que “el presidente” no ha hecho “ni el pijo” en Cataluña porque “el presidente de España no soy yo, no te jode”. Por otra parte, Rajoy ha atacado a Sánchez tachándole de “liberal” en lo sentimental.

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Baby Driver (2017), de Edgar Wright

Jean-Luc Godard decía que para rodar una película basta con una pistola y una mujer. En el caso de que el director francés se refiriese a una buena película, el aforismo se desmonta por culpa de películas como Baby Driver (2017).

A pesar de que los elementos técnicos, como el vibrante montaje o la elección e introducción de la banda sonora, son admirables, en el nivel argumental la cinta de Edgar Wright es un compendio de banalidades y tópicos. En resumen: un joven conductor participa contra su voluntad en una serie de golpes.

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Ideas repetidas hasta la náusea como son chico bueno y atormentado es obligado a hacer cosas malas, chico conoce a chica, chico quiere huir por las infinitas carreteras de Estados Unidos con la chica pero su pasado no se lo permite… y todo esto sazonado con personajes secundarios arquetipicos, atracos milimétricos y persecuciones en coche.

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Crítica de Silencio (2016), de Martin Scorsese

La relación del cine de Martin Scorsese con la religión católica nace en Malas calles (1973), cinta con marcado carácter autobiográfico. Harvey Keitel asevera que Los pecados no se redimen en la Iglesia. Se redimen en las calles, se redimen en casa. Lo demás son chorradas y tú lo sabes”, siendo esta la primera muestra de las dudas teológicas que asaltan al director italoamericano.

La infancia de Scorsese se desarrolló en las calles de Nueva York, lo que le mostró la dicotomía entre lo correcto -lo que dicta la fe- y lo incorrecto. Su filmografía muestra cómo los sujetos que desafían la moral imperante, los grandes antihéroes de sus películas -también conocidos como mafiosos-, son los que poseen un estatus económico y social más elevado. Y renunciar a esa elevada posición social, de fácil acceso para los carentes de escrúpulos, es casi imposible.

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Las incógnitas que asaltan a Scorsese se materializan en Silencio (2016) de una manera más directa. La última película del director neoyorquino es la plasmación de la duda que nace ante la incomparecencia de Dios. Pero no es la primera vez que Scorsese narra un episodio que tenga relación directa con la Iglesia.

La necesidad de expresar su visión del catolicismo en la gran pantalla supuso la realización de La última tentación de Cristo (1988), obra duramente criticada en su estreno. Así, descubrimos que el cine de Martin Scorsese no trata en exclusiva de carismáticos gángsters, sino que el espacio para la cuestión teológica es otro de los temas sobre los que gira su obra.

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La sonrisa al pie de la escala (1948), por Henry Miller.

La sonrisa al pie de la escala huye de lo que un lector esperaría de una obra de Henry Miller. Se trata de un cuento hecho por encargo para ser el acompañante de una serie de ilustraciones sobre el mundo circense del pintor Fernand Léger, pero los sentimientos del autor se introducen en la obra y deja de ser un complemento para pasar a ser el auténtico protagonista.

Más que un cuento como tal, hay quien considera esta obra a medio camino entre un poema en prosa y una novela corta. En ella, Miller afirma que la escribió de forma cercana a la escritura automática surrealista, si bien es cierto que a su vez comenta: “¡Que nadie piense que se trata de una historia elaborada! Lo he contado simplemente como lo sentí, como se me reveló punto por punto. Es mía y no lo es. No cabe duda de que es la historia más extraña que he escrito hasta ahora. No es un documento surrealista, en modo alguno”. En esta se nos plasman muchos de los miedos y preocupaciones que lo asolaban, así como preguntas metafísicas y existenciales sobre su faceta de escritor mundialmente conocido y controvertido y así como sobre su faceta de hombre.

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Perro ladrando a la Luna

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Fake News o lo que Yoko Ono y el Gobierno birmano no quieren que sepas

NOTA EDITORIAL: Las noticias de hoy fueron financiadas a día 2017 por el ejecutivo de la Atlántida, formación en 4-3-3 dirigida por Emannuel Kant que cuenta con el Conde de Lautréamont como portero del Ministerio de Propaganda, Pesca y Églogas. Así, lamentamos anunciar a nuestro público que no podremos mentar hoy cualquier violación de los derechos humanos, robots y extraterrestres que en el territorio que descubrió un ya muerto Platón se hayan podido cometer durante estos días. Sin embargo, hablaremos mal y mucho del independentismo en menores de 3 años, corriente post-humanista que pretende dejar la teta patria a fin de ser libre bajo el yugo del bibe tecnológico.

El Paro pide más personas al Gobierno.

El Paro, a día de anoche, ha iniciado oficialmente los trámites mediante los cuales exige al Gobierno de Fernando VII-bis aumentar el número de personas paradas. Según ESE, el Paro considera que el crecimiento económico y la mejora de los datos de empleo provocarán, precisamente, problemas al decrecimiento económico y a la precariedad laboral; que, por su parte, amenazan con una huelga laboral que dé trabajo a todo aquel esclavo de la carne. Asimismo, como ha afirmado ante nuestras apagadas cámaras el ente que representa a los parados desde que llegara al club en 2003, si comenzara en un futuro reciente (en el que el Paro no quiere ni pensar) a trabajar más gente, por necesidad lógica habrá menos desempleados, lo cual considera malo para los tiempos de ocio, la aparición de nuevas formas de conflicto social y el número de camellos por habitante, entre otras cuestiones como el embellecimiento de las artes o el cultivo de la malsonancia.

Por todo ello, bajo amparo constitucional, el Paro pide al Gobierno que adopte medidas como quemar fábricas, destruir el Estado y el Cosmos o crear una Lotería Nacional de Despidos, cuya dirección recaería sobre DOCE -Dominicanos Octogenarios Condenan el Establisment-, legendaria organización de corte maoista. Por lo tanto, este dato macroeconómico (un tipo tan callado como locuaz al que no le gusta que le llamen Pepe en la intimidad familiar) cree que la solución no es despedir sin más a la gente (y mucho menos por razones de economía empresarial), sino hacerlo a propósito y con fundamento y, especialmente, sin que diga.

Desde las filas del Gobierno de la España anacrónica, el diputado y charcutero Isidro “Y un jamón” Serrano Gil ha querido advertir de que el Paro peca de “populismo y gula” con estas declaraciones, por las cuales será acusado ante la Inquisición de pertenencia a organización hebrea y apología del sionismo. A este respecto, cabe destacar que España es el miembro de la Unión Africana (a la cual pertenece el país desde que la catástrofe Macron hiciera aún más liberales a incluso los abiertamente gays) que tiene la media de Paro más baja. Por último, Fernando VII-bis no ha hecho más declaración que la de indicar a Isidro que comunicara lo que le viniese en gana a la prensa, si bien utilizó para llevarlo a cabo a dos o cien personas más, a las que tuvo que hacer la corte. Sigue leyendo

Dunkerque (2017), de Christopher Nolan

El cine de Christopher Nolan tiende a polarizar la opinión de la crítica y los espectadores: o es arte en estado puro o una filfa pretenciosa. El estreno de Dunkerque es por lo tanto el evento cinematográfico del verano, ya que el director británico nunca pasa de puntillas por las carteleras. Y es que, no hay que olvidar, que el verano es época por antonomasia de remakes y enésimas partes.

Tras la magnamimidad de Interstellar, Nolan ha optado por el rodaje de otra cinta igual de faraónica. Y la ejecución es más que acertada. En este caso deja el espacio estelar por algo más mundano, como es la guerra. Para ello narra un episodio poco conocido para el gran público como es la batalla de Dunkerque, al norte de Francia, que tuvo lugar en el año 1940.

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Aunque más concretamente, la cinta narra la trágica evacuación de las tropas británicas y francesas de Dunkerque. En pleno avance de las tropas alemanas, los aliados se ven cercados en la costa, sin posibilidad de huir cruzando para ello el canal de la Mancha. En esta contienda lograron salvarse más de 330.000 de los 400.000 soldados que fueron arrinconados.

Una historia que podría ser narrada sin la épica que acompaña el cine bélico habitualmente, pero que no lo evita. Y es que para el relato oficial, esta derrota se debe leer como una victoria. Siendo así como se cuenta en Dunkerque.

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House of Cards T5: Trámites de presidencia.

Las expectativas ante el estreno de una temporada más, el saber si seguirá obligando al espectador a su visionado, siempre son altas y difíciles de conquistar en una serie. Tras la cuarta temporada nos preguntamos qué nos había hecho Netflix para que nos gustara tanto House of Cards, y si volvería a conseguirlo. Finalmente, la quinta temporada cumplió con creces. Se hizo esperar, pero salió de golpe: todos los capítulos el mismo día, como acostumbra a hacer la plataforma que ahora incluso presenta proyectos en Cannes.

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La 5 temporada de la serie estaba prevista para servir de puente. Un interludio en el que se iban a cambiar los protagonistas: de un protagonista masculino a femenino; de marido a esposa; de Frank Underwood a Claire Underwood; de la dureza a la elegancia. Y no ha fallado. Y es que la serie en sí, una de las más fuertes apuestas del Netflix por las series propias, ha cumplido con creces, si bien es cierto que el modelo usado ha ido variando con el tiempo.

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Cartas al director: Nuestro amigo el bidé

Francisco Sumelzo Amareto, opinacionista.

Ante la errónea pero siempre respetable opinión del colaborador de El Cenicero de Ideas Germán Ruiz de Urbina sobre el uso de las toallitas húmedas, me he decidido a arrojar un poco de luz y sentido común a un tema tan importante como minusvalorado en la actualidad: la higiene de las posaderas tras efectuar el tan noble acto de la defecación.

Todo lo referido al ano ha preocupado a la humanidad a lo largo de su historia. Desde el conocidísimo ensayo de Quevedo “Gracias y desgracias del ojo del culo, dirigidas a Doña Juana Mucha, Montón de Carne, Mujer gorda por arrobas”, que describe y enseña todo lo referido a los pedos, hasta los refranes y cantares populares que a este tema se refieren. Pero no se habla tanto de mantener las ropas interiores en condiciones aceptables de salubridad y no digamos ya de mantener un estado de limpieza aceptable en el agujero del culo que nos evite picores e incluso delicadas infecciones.

Germán Ruiz de Urbina defiende que la limpieza la debemos hacer a base de toallita húmeda para salvar a nuestras nalgas de ese papel de lija que se vende como higiénico en tiendas de barrio o en hipermercados de centros comerciales del extrarradio. Tiene suerte nuestro opinador de no haber conocido la época del papel higiénico de marca Elefante Rosa, pues la estimación popular habla de que el noventa por ciento de su composición eran restos de lija industrial con aspecto de ser un derivado de la celulosa.
Hoy en día el papel dedicado a la limpieza anal está notablemente más y mejor elaborado que hace unos años, pero sigue siendo insuficiente para brindar a las zonas más recónditas del cuerpo humano una limpieza suficiente y adecuada a las necesidades de la sociedad del siglo XXI. Se han dado pasos en la buena dirección con las toallitas húmedas, es cierto, pero hay que mantener al lector informado de todos los aspectos negativos que conlleva la utilización de toallitas húmedas, no se diga ya de las absurdamente condimentadas con empalagosos aromas o imbecilidades del tamaño del océano Atlántico como la camomila o el aloe vera. ¿Alguien puede explicarme el mecanismo mental que lleva a algunos consumidores a pagar de más por limpiarse el culo y que en este quede un olor a nueces de macadamia o a macedonia? O ¿qué lleva a un hombre adulto a pagar por toallitas con aloe vera y efecto blanqueante para aplicar en el culo? ¿Es que acaso quieren blanquear una zona que debería ser inaccesible para el resto de la humanidad? Sigue leyendo

¿Erasmus u Orgasmus?

Alfredo Ordoñez-Gascueña, columnista y escritor

“Sé templado en el beber, considerando que el vino demasiado ni guarda secreto ni cumple palabra”, aconsejaba don Quijote en la egregia obra de Miguel de Cervantes. Era una de las recomendaciones con las que ofrendaba a su escudero en aras de convertirlo en un buen gobernante. A día de hoy, dicha sentencia debería labrarse a fuego en las paredes de las residencias de los estudiantes Erasmus, aunque argumentos sobran para creer que no entenderían su significado.

Porque si existe una subespecie a la que se puede reprochar su tosquedad intelectual, su completa y total falta de educación y buenas maneras y su desprecio por la higiene íntima, esa son los conocidos como Erasmus. Una anomalía en la raza humana sin ningún interés cultural ni pretensiones de ser útiles para el sistema. Por si alguno ha tenido la escasa suerte de no encontrarse de manera directa con uno de estos ejemplares, pasaré a resumir sus características principales.

Tienden a hablar de su viaje en todo momento. Incluso cuando no guarda la más mínima relación con el tema que se está tratando. Podría darse el caso de que la conversación versase sobre los últimos datos de la inflación, pues si hay un Erasmus en la sala tendrá que soltar “Ah, pues cuando yo estaba en mi Erasmus en Polonia…” y empezará a hablar sobre el día que se emborrachó y llevó a cabo todo tipo de vejaciones. ¿Me puede explicar usted, querido Erasmus, que tendrán que ver las políticas del Banco Central Europeo (BCE) con sus farras, sus melopeas o sus colocones? Sigue leyendo

Toallitas húmedas, frescor democrático

Germán Ruiz de Urbina, sociólogo y autor de Defecar en la Francia revolucionaria

La Historia está plagada de actos de barbarie que se perpetúan por el simple hecho de ser tradiciones. Atavismos defendidos -pero indefendibles- que la perspectiva del tiempo aclara, definiendo sus contornos, dejándolos prístinos. Ningún campo ni materia está libre de la mancha del pecado. Y la higiene, la más escatológica en concreto, es clara muestra del cerrazón que oscurece la capacidad cognitiva, dejándonos indefensos ante los actos colectivos más deshonrosos y arcaicos.

No hablo de restregar hojas caducifolias -castaño de indias, roble o estoico chopo- por nuestras nalgas. Ni siquiera de dañar la apertura rectal con una piedra, supongamos que roma y carente de aristas, como las personalidades más simplonas. Hablo de subsanar la parda mancha que se extiende con áspero papel, en ocasiones de doble capa –tercera, cuarta, quinta, hasta donde la tecnología pueda- existiendo alternativas como son las toallitas húmedas, epítome del avance científico y de las bondades que alberga el corazón humano.

Existen todavía ciertas reticencias en el campo político para impulsar la llegada de las toallitas democráticas a todos los hogares. Conocidos grupos de influencia que pretenden conservar su estatus a costa de lijar el ano del ciudadano, ya no solo su bolsillo. La pedagogía es un factor determinante para que se produzca el avance saludable de la sociedad. Los medios de comunicación, voceros de las élites, son conscientes de la amenaza de las nuevas ideas, pero la verdad nunca ha tenido miedo a derribar los cimientos carcomidos si eso supone la mejora del sistema fitosanitario. Sigue leyendo

El Fin de la Comedia, de Ignatius Farray

El Fin de la Comedia es una serie cómica de situación (sitcom) basada en la vida ficticia del cómico Ignatuis Farray. Es un soplo de aire fresco en las productoras nacionales, dado que hacía tiempo que no se veía una serie española tan alejada del gran público y que haya cosechado semejante éxito sin limitarse a buscar la aprobación y la visualización de las masas. En esta se nos narra la vida de un cómico standupero, la vida de un hombre cuarentón dedicado a hacer monólogos.

Hablar de Ignatius es hablar de la stand up comedy, de La Vida Moderna y, cómo no, del Fin de la Comedia. El personaje de Ignatius está muy alejado de su persona. Para los amantes de la literatura, decirles que el personaje está basado en el Ignatius de la maravillosa novela, ya recomendada en el Cenicero, La Conjura de los Necios de O´Toole. Los que conozcan la trayectoria del cómico o disfruten del programa radiofónico La Vida Moderna (Cadena Ser) lo sabrán. Juan Ignacio (su nombre real) es la parte sweet de la persona, mientras que Ignatius es el personaje ansioso, bobalicón y perdido que se nos representa en sus actuaciones profesionales. Y en el Fin de la Comedia se nos da, de forma ficticia, una mezcla casi perfecta entre la parte personal y la parte cómica.

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El Fin de la Comedia son una multitud de sketches mezclados con la vida de un personaje que, todo hay que decirlo, se parece quizá en exceso al que vemos representado en La Vida Moderna y en apariciones en otros programas como Late Motiv de Buenafuente. Pero no se puede culpar a Ignatius. El personaje es demasiado bueno. Los sketches hacen un humor irreverente, atreviéndose a meterse con la corrección política de la sociedad, a ser sincero consigo mismo o a reírse de algo tan duro como la ruptura de un matrimonio y la posterior pelea judicial por la custodia de la descendencia. Sigue leyendo

La poesía desarraigada, rabiosa y existencialista de Dámaso Alonso.

Durante el franquismo, todas las artes producidas en España se vieron obligadas a pasar por un filtro moral católico y fascista para su publicación y distribución. En ocasiones, este filtro no constituía ningún problema, especialmente si la obra (la novela, la película, la poesía) ensalzaba el proceder de la dictadura. Sin embargo, para muchos, este sesgo obligatorio adquiría un cariz tan odioso como problemático, pues lo que el artista quería contar desmentía lo que defendía la rígida versión de la realidad que tenía el autoritarismo militar que dirigía el país.

Así, como algunos callaban ante esta situación que, si bien no les convenía, al menos no les perjudicaba, surge la llamada poesía desarraigada como protesta que tiene por bandera el cuestionamiento de lo establecido y la crítica, especialmente, de la poesía acrítica. Esta corriente surge allá por la década de los cuarenta (cuando el régimen vivía en su punto álgido de autarquía y represión), como oposición a su antítesis, la poesía arraigada, que, en palabras de Dámaso Alonso, estaba formada por “aquellos autores que se expresan con una luminosa y reglada creencia en la organización de la realidad”. Por lo tanto, contrarios a estos los poetas oficiales, “para otros el mundo nos es un caos y una angustia, y la poesía una frenética búsqueda de ordenación y de ancla. Sí, otros estamos muy lejos de toda armonía y de toda serenidad”.

Por otra parte, puede verse en la propia “definición” de este grupo, escrita por el puño y letra de uno de sus máximos exponentes, la influencia del existencialismo, corriente de pensamiento filosófico que siempre encuentra un buen caldo de cultivo en tiempos de posguerra, tras el suceso traumático que ha deshumanizado a los que lo vivieron y, que en este caso, tiene que luchar además contra quienes le instan a callar. Así, el poeta se dirige al resto de hombres, sus hermanos, y a ese Dios que permanece infranqueable a sus súplicas, a ese Dios que a veces se le teme, otra veces se le repudia y otras veces se le agradece el simple hecho, pero no por ello menos maravillo, de existir.

Dámaso Alonso

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